NOVIOS
- ¡Guau! Esa película es muy buena, fue genial ¿no?- Le dije cuando estábamos en el obs-curo estacionamiento, en medio de el Aero y mi Beetle, pero aun podía verlo bien.
- Si, estuvo genial- Me contesto.
Voltee a verlo y estaba sonriendo, me veía con una intensidad en sus ojos, azul turquesa, que me cortaron la respiración.
- Oye, ¿me das tu número de teléfono?- Me pregunto.
- Ah, sí, préstame tu celular y te lo escribo ¿si quieres?
- Ah, sí.
Saque mi celular y el saco el suyo, nos los cambiamos y empezamos a escribir, Ian en mi celular y yo en el de él.
- Listo mi celular, y mi nombre- Comencé a hablar.
- Perfecto, aquí tienes.
- Gracias.
Nos cambiamos los celulares y los guardamos, pero Ian no dejaba de verme. Entonces yo también lo mire a los ojos. Puso sus manos en mi cintura y me acerco a él, una de sus gran-des manos se deslizo por mi espalda hasta mi nuca, mientras yo, como estúpida, seguía mi-rando sus hermosos ojos de un azul ardiente que se acercaban de poco a poco. Mis manos se deslizaron por su pecho hasta rodear su cuello, y mis labios alcanzaron los suyos, que eran dulces, cálidos y se amoldaron a los míos sin ningún problema, como si fueran hechos solo para mis labios, que necesitaban de los de él, que seguía besándome, hundiendo sus dedos en mi cabello con una mano, y la otra se deslizaba de mí cadera a mi cintura, mí espalda, bajaba a mí cadera y de nuevo comenzada el mismo trayecto. Nuestras respiraciones se convirtieron en jadeos, solo separamos, unos centímetros, los labios, pero Ian me estrecho más a él y puso entre sus dientes mi labio inferior y lo jalo con suavidad hasta que mi labio se desprendió solo, subí mis manos de su cuello a su nuca, donde tome su sedoso y suave cabello entre mis manos y me paraba de puntitas para alcanzar sus labios que se alejaban de poco a poquito, y los alcance.
No podía creerlo, si solo teníamos como ocho horas de conocidos, y ya lo estaba besando. Claro, lo vi y me enamore por completo de él, pero no era para andar besándolo a las ocho horas después. Eso no estaba bien era muy malo, o tal vez no.
Me soltó y yo lo solté automáticamente pero no dejamos de vernos, y en cuanto me di cuen-ta de lo que pasaba jadee.
- ¡Por dios!- Exclame- ¿Qué hice?- Ian esbozó una sonrisa y se rio entre dientes.
- ¿Ya eres mi novia?
-¿Qué?
- ¿Quieres ser mi novia?
Me quede helada, muda, no sabía qué hacer. Trague saliva muy audiblemente, e Ian se rio entre dientes otra vez.
- Hueles bien- Me dijo. Fruncí el seño.
- ¿Qué?- Fue lo único que pude articular- Eh… digo… si.
Ian esbozó una gran sonrisa en su rostro, me rodeo la cintura y me guio a la puerta del piloto de mi auto, abrió la puerta y me subí al carro, me beso la mejilla y cerró la puerta. Se dirigió al Aero y se fue.
Cuando llegue a casa eran casi las seis, porque maneje lo más lento para poder aclarar bien mis ideas, y aun seguía sin entender porque lo hice, pero al recordar el beso… mi corazón se desboca, se hincha mi garganta, no puedo respirar y siento un hueco en la boca de mi estomago. Así que deje de pensar en eso.
Me estacione en la cochera de mi casa y me dirigí al porche de la entrada, cruce la puerta y mi papa David me estaba esperando en el sofá de la sala. Lo ignore y fui a las escaleras.
- Son las seis, ya viste- Me llamo al ver que no dije nada.
- Ah, sí, perdón, pero creí que podía llegar cuando quiera.
- Solo hasta las diez.
- Por eso, son las seis.
- Bueno, está bien
Subí las escaleras y camine a mi habitación, cerré la puerta y me puse en la computadora.
Me metí a mi coreo para revisarlo, no tenia mensajes. Melody, mi hermana, estaba conecta-da, así que comencé a platicar con ella.
-Hola, ¿como estas?- Le pregunte por el coreo.
-Bien, hermana, y ¿tu?- Me contesto.
-Ammm… bien.
-Ese ammm… no parece bien. ¿Qué ocurre?
-Pues… no se… ya… tengo… novio.
-¡AAAAAAAAAAAAAAAAA! ¿ENSERIO? ¿Cómo es?
-Bueno, es muy lindo con migo, es alto, corpulento, rubio y de unos hermosos ojos azul turquesa, como el agua, es guapísimo y muy amable.
-¡Por dios! ¿Tiene hermanos?
-Pero ¿para qué? Si vives al otro lado del país.
-Ah, se me había olvidado decirte que me voy a vivir contigo en abril.
-¡¿En serio?! No lo puedo creer, vendrás a Vermont. ¡Es increíble!
-¿Verdad que si? Dormiré contigo, espero que aun estén las dos camas ¿eeh?
-Sí, ni una se ha ido.
-Perfecto. Terminare la preparatoria allá. Oye me tengo que ir mama quiere comprar comida, nos vemos.
-En Vermont.
-Bye.
Era estupendo mi hermana vendrá en abril a terminar la preparatoria, y estábamos en febrero del primer año, magnifico estaré con ella y con Ian, Ian- suspire- , será genial. Estuve pensando en eso todo el rato hasta que me dormí.
El día siguiente, al llegar a la escuela, estuve buscando a Ian pero no veía ni un carro de los Griffin, Griffin el apellido de la familia de Ian, no sabía por qué aun no llegaban, es su se-gundo día de clases así que no deberían tardar.
En eso Natasha es puso en frente de mi y no me dejo ver ni buscar nada.
- Hola, ¿Qué tal tu cita con Ian Griffin?- Me pregunto.
- ¿Cita?- Pregunte yo. Bueno, si era una cita, pero no me di cuenta de eso hasta el final.
- Ay, no te hagas, fuiste al cine con él ¿recuerdas?- Me dijo.
- Ah, ya, no, no era cita- Le aclare.
- Ay ¿entonces que era?
- Pues solo… un… una salida de amigos, te invitamos pero no fuiste ¿recuerdas?
- Está bien, pero ¿qué hicieron?
- Ver una película.
- No, no me refiero a eso, sino a lo otro, ¿lo besaste?
- ¿Qué?
- Es un cine, está obscuro y fue hecho para eso, además de ver películas.
- Aja, pero no, no lo bese- El lo hizo y yo se lo devolví pero no lo bese. Pensé para mí.
- ¡Oh! No puedo creer que no aprovecharas esa oportunidad- Pero el sí. Volví a pensar.
- Ay, no importa.
- Claro que sí.
Entonces llego Ian en el auto de Brian.
- Está bien, lo arreglare- Y me dirigí a donde estaba Ian. Mientras me miraba Natasha in-crédula.
- Hola, chicos- Salude a los Griffin.
- Hola- Contestaron todos.
- Eh, Ian ¿Qué te toca?- Pregunte
- Amm física- Me respondió Ian
- A mí también, ¿vamos?
- ¿Para qué? ¿Para besarlo? ¿No te basta con lo de anoche?- Se burlo Elliot entre risas.
- No, a mi no- Contesto Ian- . Vamos- Me dijo.
- Ok- Puso su gran mano en mi espalda y nos dirigimos a los edificios de la escuela.
- ¿Por qué les contaste lo de anoche?- Le pregunte a Ian cuando nos alejamos de ellos.
- Es que me amenazaron en torturarme si no les decía.
- ¿Torturarte?- Me burle.
- Soy el más chico, Melanie, no puedo solo.
- Está bien, solo…- Vacile- mm… no le digas a nadie más ¿sí?
Estábamos solos en un pasillo por donde casi nadie pasaba y por eso mi voz era un poco más fuerte. Ian se paró en seco al escuchar lo que dije.
- ¿Porque no quieres que alguien más lo sepa?- Me pregunto un poco enojado, lo había ofendido.
- No sé, es que… tal vez piensen mal de nosotros.
- ¿Por qué mal?
- Porque estamos saliendo muy pronto, sería mejor si comenzáramos en dos o tres semanas ¿te parece bien?
- No, porque yo quiero estar contigo, y no voy a esperar más.
- Ian…
- ¿Me quieres? Dime la verdad ¿te gusto?
- Ian, claro que te quiero, y solo a ti, a nadie más.
- No parece, si enserio me quisieras, te olvidarías de los demás, y solo pensarías en nosotros dos.
Eso fue un golpe bajo, claro que lo quería, no, lo amaba, pero no sé porque una pequeñísima parte de mí, que estaba arrinconada, me gritaba que me alejara de él, que era peligroso. Pero no le hice caso.
- Está bien, Ian. No me importa nadie que no seas tú, solo tú estás en mi mente, soy tuya.
- Así me gustas, decidida.
Rodeo mi cintura con uno de sus brazos y me estrecho a él, nuestros labios se encontraron de nuevo y parecía que no se separarían jamás, lleve mis manos a su cabello perfecto y pe-gue mi pecho contra el de él, puso sus manos en mi espalda y me estrecho aún más, deslicé mis manos por su cuello y las puse en su enorme y musculosa cintura mientras que con mis dedos trazaba líneas invisibles en su cuerpo. Separe mis labios de los suyos para poder respirar e intentar calmar mi corazón, que golpeaba mis costillas hasta que me dolía. Ian deslizó sus labios por mi mentón hasta el centro de mi pecho mientras yo inhalaba el deli-cioso aroma de su cabello.
- Hueles muy bien, amor- Dijo con sus labios aun rosando mi pecho.
Sentí como su aliento chocaba y refrescaba mi piel, justo en el centro de mi pecho.
- Tú también hueles delicioso.
Ian se acomodo para que me pudiera ver bien. Nos miramos un rato a los ojos, los suyos, de un perfecto azul, que ya no era cristalino sino turquesa, brillaban de pación, de una tan fuer-te que me hacia desearlo más, y mis labios gritaban por los de él desesperadamente, yo también gritaba por dentro, quería besarlo, sentir el amor de él combinándose con el mío. Era irresistible, difícil de expresar y fácil de sentir, yo lo amaba, yo era suya, y quería be-sarlo.
Me tomo de la mano y caminamos juntos hasta el aula de física. El tiempo paso muy rápido, Ian y yo no nos separamos para nada en todo el día. Estuvimos con sus hermanos y después fuimos con Natasha, se puso como loca cuando nos vio tomados de la mano acomodándolas detrás de la espalda de Ian.
- ¡AAAAA!- Grito Natasha- . No lo puedo creer andan juntos, es increíble.
Ian y yo nos reímos por la reacción de Natasha.
- Si, te dije que lo arreglaría- Le explique.
- ¿Cómo es posible que lo hicieras por lo que te dije?- Me pregunto enojada.
- Cálmate, Natasha, andamos desde ayer.
- ¿Y no me dijiste? Valla amiga que res- Reclamo mientras Ian se reía. Adoraba su risa.
- No te lo dije porque me daba pena.
- ¿Pena? ¿De qué?- No conteste eso, porque tal vez me creyera loca.
- Creía que pensarías mal de ella- Contesto Ian.
- ¿Qué pensaría de ti que fuera malo?- Se dirigió a mí.
- No lo sé- Conteste.
- Pues nada- Contesto Natasha- , no hay nada malo que pensar, esto es genial, es…- busco las palabras adecuadas- es increíble. No creí que ni uno fuera tan rápido.
- ¿Rápido?- Preguntamos Ian y yo al mismo tiempo.
- Ay, los dos eran muy obvios, Ian no te dejaba de mirar, y tú tampoco lo dejabas de mirar, hasta yo me di cuenta de que se querían.
- Ah, ¿sí?- Preguntamos los dos al mismo tiempo, otra vez.
- Sí, para eso de esconder sentimientos son muy malos, y además conozco muy bien a Me-lanie- Natasha se empezó a reír mientras yo me sonrojaba y por eso Ian se rio también.
- Está bien pues, soy muy mala para eso- Admití- . Pero no es para que se burlen de mí.
- Ok, los dejo chicos. Me toca lengua y literatura, en esa clase voy muy mal. Adiós.
Ian y yo seguíamos agarrados de la mano. Sonó el timbre de clases y caminamos al aula de ciencias, en silencio pero nos hacíamos caricias, se me escapaban risitas de vergüenza y me ponía un poco roja, Ian se reía entre dientes, cada vez que me veía sonrojar, pero me acari-ciaba la mejilla.
Al terminar las clases Ian me acompaño a mi auto y me beso jalando mi labio inferior entre sus dientes, cuando lo soltó se despidió y cerró la puerta del piloto.
Llegue a casa y David todavía no llegaba de la oficina. Lunes y viernes salía del trabajo a las cinco y los demás a las diez treinta, los fines de semana salía al primer lugar que se le ocurría, no le gustaba estar encerrado en la casa, creo que le recordaba a mí madre, y la casa se quedaba sola con migo y a veces vacía porque yo me iba con Natasha de compras o hacíamos otros planes.
Ya había pasado un mes que desde que conocí a Ian y un mes desde que fuimos novios, era marzo, así que le compre un delicioso perfume de D&G y él un enorme oso de felpa con unos chocolates en forma de corazón y un reloj Fósil, que no sé de donde lo saco, pero era hermoso.
- ¿Dónde encontraste el reloj?- Le pregunte. Estábamos en el estacionamiento de la escuela, junto a mi auto.
- Fui a los Ángeles el fin de semana, allí lo compre- Me contesto.
- ¿Fuiste hasta los Ángeles por mi regalo?
- Sí, ¿no te gustó?
- Es increíble que hayas hecho esto por mí. Es… hermoso, gracias.
Lo rodeé con mis brazos lo más fuerte que pude, tomo mi rostro entre sus manos y me beso, cuando me besaba liberaba todo el amor que retenía dentro de él y no se ponía limites, hasta que yo lo detenía, pero yo quería que siguiera.
- Hueles muy bien- Me dijo. Siempre que me acercaba a él me lo decía, pero no inhalaba fuerte, solo respiraba normal, tenía un buen sentido del olfato.
- Ah, gracias, es Paris Hilton- Le dije mientras guardaba mis regalos.
- Hola, como están- Interrumpió Natasha- . ¿Que se regalaron?
Ian y yo nos reímos, mientras ella buscaba los regalos. Encontró el gran oso con chocolates en mi auto, y se puso como loca cuando vio el perfume en la mano de Ian.
- No lo puedo creer, es hermoso. Felicidades.
- Pero si solo es un mes no un año- Dije mientras caminábamos al auto de Ian para guardar su perfume.
- Pero un mes es un mes- Repuso Natasha, junto a mí.
- Está bien, entonces gracias.
Los tres nos dirigimos a la primera clase, después de guardar el perfume de Ian, en el auto de Brian. Ese día solo vimos una vez a los hermanos de Ian, porque estuvimos solos y pocos ratos con Natasha, era nuestro día, solo él y yo juntos.
Fue un día más corto, al término de las clases, Ian me acompaño a mi auto, me abrió la puerta del piloto, cuando estuve dentro del auto me beso la mejilla.
- Nos vemos luego- Me dijo al oído.
- Si- Conteste.
Se incorporo y cerró la puerta. Cuando llegue a casa, estaban llamando al teléfono, deje las llaves en la mesa junto a la puerta, cruce la sala y me dirigí al teléfono.
- ¿Sí?- Conteste. Era David, papá.
- Hija, soy yo- Dijo mi papá.
- Si, papá, ¿Qué sucede?
- Es que, solo te llamaba para decirte que tengo un asunto pendiente, llegare tarde a casa. Para que no hagas cena para mí, comeré algo acá ¿sí?
- Si papá. Eh ¿como a qué hora vendrás?
- A las doce. Pero no por eso vas a llegar después de las diez, te quiero ver dormida cuando llegue, ¿entendido?
- Si, papá, ya entendí.
Colgué el auricular y fui a comer, después tome las cosas de limpieza. Limpie las habita-ciones del piso de arriba y luego las de abajo, cuando termine, hice la tarea de la escuela, y des pues me metí a mi correo electrónico. No había nadie conectado, y eso que eran las siete de la tarde cuando todos estaban en sus casas, según eso.
Estuve viendo que había en la televisión de la sala, pero no había nada interesante. Entonces sonó mi celular, era Ian el que llamaba.
- Hola, ¿Qué paso?- Quise saber.
- ¿Ya estas lista?- Pregunto.
- ¿Para qué?
- Pues para cenar. No me digas que no te has arreglado- Se quejo.
- Pero ¿cenar? ¿A dónde?
- Es una sorpresa. Por eso no te dije nada. Arréglate iremos a un restaurante.
- Está bien.
Colgó el teléfono, me quede en el sofá sin hacer nada, Ian me había confundido. Me fui directo a mi habitación, cerré la puerta y fui al closet de madera para ver que podía poner-me. Tenía un vestido negro y uno plateado. El negro tenía un bonito bordado blanco, con una flor blanca en la parte superior izquierda, del vestido, que era extra ple. El plateado, era más simple, tenía una capa de tela fina con brillos tornasol, sobre el vestido, y era de tiran-tes. Así que decidí ponerme el negro.
Tome el vestido, lo deje tendido en la cama y me dirigí al baño. Después de bañarme me seque el cabello con la secadora y comencé a maquillarme. Termine de arreglarme y me comí una menta. En eso llego Ian, hizo sonar el claxon de su auto.
Cuando baje y abrí la puerta de la casa todo estaba obscuro y casi no se veía nada. Vi el reloj que llevaba en la muñeca, el que Ian me regalo en la mañana, faltaban quince a las ocho. Pero pude distinguir el hermoso auto negro con rojo porque las partes rojas del auto resaltaban muy bien. Ian bajo del auto y se acerco a mí.
- ¿Te gusta? Es mi auto, un Bugatti Veyron- Me informo mientras se ponía junto a mí y me guiaba, con su mano en mi espalda, al hermoso auto, que estaba estacionado frente a mi casa.
Yo seguía sin decir nada, estaba totalmente deslumbrada por ese auto. Ian me abrió la puer-ta del copiloto, subí al auto y me quede allí, Ian dio la vuelta al auto y subió, fue entonces cuando me di cuenta de que llevaba traje, y uno muy bonito. Subió al auto y lo encendió.
- Te ves hermosa, hueles muy bien- Me dijo cuando el auto avanzo.
- Ah, gracias. Te queda muy bien ese traje y hueles delicioso, ¿Qué perfume es?
- D&G. Qué hermoso reloj me gusta.
- Es un reloj Fósil.
Los dos nos reímos por esa plática, como si no supiéramos de los regalos.
- Es un carro muy hermoso, me gusta- Dije después de un rato mientras observaba el auto por dentro, la verdad me moría de la emoción pero me controle porque si no me alocaría por completo.
- Entonces ¿te gusto mi auto?
- Sí, me encanta- Dije con una nota de emoción, mi punto débil eran autos deportivos y las cosquillas claro.
- Que bueno.
No dijimos nada más. Un rato después puse atención hacia dónde íbamos, estábamos to-mando la calle para ir a el restaurante más caro de la ciudad. ¿Cómo iba a pagar lo que yo comiera? Era demasiado caro y ni siquiera estábamos en Richford.
- ¿Por qué estamos en este lugar?- Le pregunte, medio protestando.
- Pues es un regalo, ¿Te gusta?- Pregunto, preocupado.
- Ian, esto es muy caro y no lo puedo pagar, ni siquiera lo mío.
- Quien dijo que tu ibas a pagar ¿eh? Yo voy a pagar todo, lo tuyo y lo mío.
- Pero Ian, no voy a hacer que pagues tanto, solo para alimentarme.
- No, no necesitas hacerlo, porque yo lo hare. Me lo agradecerás, ya lo veras- suspire y mire el tablero del auto.
No discutí con él, así que me aguante. De todos modos no tenía sentido hacerlo.
Cuando nos estacionamos, Ian se bajo primero, me abrió la puerta y me baje del auto. Al menos estaba bien vestida para el lugar en el que cenaríamos. El restaurante era muy ele-gante y hermoso, si, tenía que ser caro, por ser tan lujoso.
Entramos por la hermosa puerta, muy detallada, difícil de describir, nos acercamos a la hos-tess, que nos saludo, se presentó y nos guio a una mesa reservada solo para dos y en un lugar privado.
La hostess nos dejo con los menús y se fue. Estuve viendo que es lo que había para cenar. Tenían muchos tipos de comidas, china, italiana, francesa y hasta mexicana.
- Y… tus padres ¿en que trabajan?- Pregunte, mientras me decidía si comer sushi o maca-rrones con queso y pimienta, era extraño que no supiera mucho de sus padres, pues el no hablaba mucho de ellos, pero no me importaba.
- Mi padre es biólogo.
- ¿Biólogo? Guau, es impresionante- Biólogo, esa es la razón de que tiene dinero.
- Y mi madre es diseñadora de moda, manda sus diseños a Milán y a Roma. Gana muy bien.
- ¿Enserio? ¿Diseñadora de moda? Es tan…sorprendente. Impresionante- No tenía ni idea de que podía decirle. Solo me impresionaba cada vez más. Diseñadora de moda, ¡Es genial!
- Si, mi madre es una de las mejores diseñadoras.
- Que genial es todo eso, moda, biología, es muy impresionante.
- Si, lo es. Cuéntame de ti, lo único que sé es lo que has hecho aquí.
Eso era algo de lo que no me gustaba hablar, por que recordaba esos momentos tan hermo-sos que pasaba con mi madre, mi hermana y mi padre. Me dolía recordar lo que algún día paso, pero no volverá a suceder. Esos recuerdos me hacían llorar, y todavía lo siguen haciendo.
- Pues…mi madre…es enfermera- Vacile- , y aquí no tenía mucho trabajo…por eso co-menzaron los conflictos entre mi…padre y mi madre- No sabía cómo decirlo bien, solo parecía que buscaba las palabras adecuadas para hablar, pero no era por eso que me com-portaba así, sabía exactamente lo que quería decir. Tartamudeaba porque me dolía hablar de eso, el estar sola es muy horrible, no tienes con quien platicar lo que te pasa y tampoco tie-nes en quien confiar.
- Lo siento, no pretendía lastimarte- Me interrumpió Ian. Tal vez porque vio el dolor en mi rostro intento animare, mientras yo veía la mesa.
- Ah, no, no es nada- Tenía los ojos humedecidos y un nudo en mi garganta. Solo recordaba el hermoso perfume de mi madre y sus cálidos y protectores brazos que me cubrían del frio y que desaparecieron, junto a mi otra mitad, mi hermana, mi gemela, con quien siempre estaba, éramos inseparables y las mejores hermanas, nunca nos peleábamos, hasta nos de-fendíamos, yo a ella y ella a mí, de nuestra madre cuando nos regañaba.
Levante la carta y la puse enfrente de mi rostro, así Ian no podía verme bien y no sabría lo que me pasaba. En eso llego la mesera.
- ¿Puedo tomar su orden?-Pregunto la mesera, pero solo a Ian y no a los dos, pero bueno entendía a la chica, Ian era irresistible, y por eso la perdone.
- Melanie que es lo que quieres- Me pregunto Ian.
- Eh, creo que probare sushi empanizado- Le conteste a Ian, como si la mesera no estuviera, pero me fije que la mesera anotaba de mala gana lo que pedí. Cuando mire a la mesera me di cuenta de que era muy guapa, rubia, de tez blanca y de buen cuerpo, tal vez de unos die-cisiete años, de nuestra edad. Mire a Ian, él ni siquiera puso un ojo en la camarera, no dejaba de ver la carta del menú que tenía en mis manos.
- ¿Qué te gustaría cenar?- Le dijo la mesera a Ian, con una voz en la que había más que solo cortesía.
- Yo quiero arroz a la parmesana, por favor- Ian siguió viéndome, la mesera tomo las cartas del menú y se fue. En cuanto estuvimos solos otra vez recordé de lo que estábamos hablan-do.
- Mi hermana y yo nunca nos separábamos, siempre estuvimos juntas y después cuando nuestros padres comenzaron a discutir no hacíamos más que encerrarnos en nuestro cuarto, sentadas en un rincón abrazadas- Mis ojos se inundaron y mi voz se hacía más forzada- . Un día desperté y mi hermana no estaba, eso fue raro porque siempre me levantaba mucho antes que ella.
- Melanie, no hables de eso si no quieres- No sabía que es lo que Ian veía en mi rostro como para decirme eso pero sea lo que sea era algo que lo mortificaba.
- No Ian- dije con mi voz quebrándose- , estoy bien, pero no quisiera hablar de eso en este lugar.
- No lo hagas si no quieres.
- Cuando baje las escaleras vi que la puerta de la casa estaba abierta- Continué ignorándolo- , solo me asome, mi padre tenía a mi hermana dormida en sus brazos y la metió al auto de mi madre, Charlotte, el nombre de mi madre, ya estaba en el auto, le dijo algo a David y se marcho, mi padre me vio, con una tristeza en sus ojos que derramaban lagrimas. Se han ido, es lo que decía papá, diario que me levantaba, gritando en mi habitación, el nombre de mi hermana, Melody.
“Sabes, yo siempre desde chica peleaba a Charlotte, me gustaba hacerla enojar, es por eso que prefirió llevarse a Melody que a mí- Mire hacia la mesa y suspire- , nunca supe lo que iba a pasar, yo quería mucho a mi padre y lo defendía de mi madre, y por eso la molestaba más y más. Cuando mi padre me vio en la puerta, solo estaba allí, pero sin hacer nada, en cuanto me dijo que regresara a mi habitación, supe que pasaba, me puse como loca, corrí por la calle, viendo el carro de mi madre alejarse, intente alcanzarlas, pero me caí, y solo pude gritarle a mi hermana, en eso mi padre se sentó junto a mí, me abrazo y yo me acurruque junto a él llorando, se habían ido.
La camarera nos trajo la comida, y me di cuenta de que por primera vez, no llore al hablar de eso, fue satisfactorio saber que no fue como debió haber sido, con grandes lagrimas que mis ojos derramaban. Tome los palillos chinos, que estaban en mi plato, y sostuve bien el sushi entre los palillos, Ian tomo la cuchara que estaba junto a su plato y comenzó a comer el arroz. La chica se quedo de frente a Ian y se puso las manos en la cintura.
- ¿Desean algo de tomar?- Pregunto la camarera, mirando solo a Ian.
- Me agradaría una coca cola, por favor- Contesto Ian.
- También yo, gracias- Dije antes de que se diera la vuelta y se marchara la mesera.
- Está bien- Contesto la camarera y se fue.
- Perdóname, no creí que fuera tan malo, lo siento mucho- Me dijo Ian.
- No, me siento mucho mejor, nunca podía hablar de este tema sin salir llorando, gracias por escucharme, lo necesitaba.
- Cuando quieras Melanie.
Lo mire a los ojos y suspire, después baje la mirada hacia el sushi y seguí comiendo. Me sentía muy bien a decir verdad, Ian me consoló de lo que paso hace siete largos años.
Suspire de nuevo mientras pensaba en eso, y me dio un poco de gracia que Ian me consoló, de esos horribles recuerdos, con tan solo escucharme y ni siquiera me sobo la mano, como todos los demás lo harían, solo escucho.
Seguimos comiendo en silencio, y cuando terminamos de cenar pedimos la cuenta, le deja-mos propina a la camarera y nos fuimos al carro.
- Cuanto pagaste por la comida- Pregunte cuando ya estábamos en el auto.
- No se- Me contesto.
- Si sabes Ian y quiero que me lo digas- Exigí.
- Está bien, pero te vas a enojar.
- No importa, quiero saber.
- Bien fueron 256 dólares- Ian no dejaba de mirar la carretera, por el parabrisas, estaba un poco apenado, creo, porque no me miraba.
- Bueno, sí, es muy caro, te dije que no tenías que pagar todo.
- ¿No estás enojada con migo?- No, no estaba enojada con él, solo con un poco de pena.
- Pues…no, no lo estoy- Entonces Ian sonrió.
- Que bien. Bueno, son las ocho, ¿vamos al parque?
- Está bien.
...Lo siento twilighters...
Hace 13 años

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