lunes, 12 de abril de 2010

capitulo 3 de Amor Licantropo "Bella Traición"

MISTERIO

Cuando llegamos al parque, era de noche, como dijo Ian, las nueve. Estaba nublado ni si-quiera la luna se podía ver, pero había algo muy cómodo en ese lugar y no sabía que era. El parque parecía bosque, pero tenía unos cuantos caminos de pavimento, por donde la gente podía caminar, no era ni grande ni pequeño ese parque, pero un niño pequeño si llegaba a perderse. Y en el centro del parque estaba un gran árbol y, debajo de él, una piedra liza, tallada en forma de banca, el árbol era grande y un espacio de, más o menos, diez metros era puro césped, después se encontraban los otros árboles. Ese parque era hermoso y muy natural, pero en la noche era un tanto tenebroso, porque la obscuridad reinaba, aunque eso me daba miedo, Ian estaba junto a mí, con el me sentía segura y tranquila. Él era todo para mí, me consolaba con solo escucharme y me calmaba con solo estar junto a mí, ¿Qué más podía hacer para que yo estuviera en perfecto estado emocional? Él me hacia feliz y por eso lo amaba, por eso yo no quería separarme de él.
Ian y yo estuvimos caminando por el parque, hasta que llegamos a su centro, nos sentamos en la banca y yo mire al cielo, que seguía nublado, después de unos segundos me di cuenta de que no era la única que miraba el cielo, Ian también lo hacía, pero él no miraba el cielo, él contemplaba la poca luz difuminada de la luna.
- ¿Por qué estas mirando el cielo?- Pregunte curiosa.
- No lo sé, me gusta hacerlo- Me contesto- , pero no veo el cielo, veo la luna.
- La luna es hermosa, me encanta.
- Si, lo es.
Una fuerte ráfaga de viento soplo y mi cabello se alboroto, igual que el de Ian, pero el cabe-llo de Ian se veía perfecto, no se veía feo ni enredado, sino suave y sedoso. El viento, que soplo tan fuerte, hizo que el cielo se despejara de poco a poco. Entonces Ian se puso tenso.
- Debemos irnos- Dijo Ian un poco desesperado.
- Pero ¿Por qué?- Quise saber.
- Es muy tarde, tienes que ir a casa.
- Si solo son las nueve cuarenta.
- Es por eso que tienes que estar en casa.
- Bueno si, maña ay evaluación de bioquímica, no he estudiado nada.
Ian no me contesto, solo me tomo de la mano y me jalo muy fuerte, casi corríamos entre ese parque. Al llegar al auto Ian me abrió la puerta rápidamente, y antes de entrar pude ver la luna, era luna llena, en cuanto estuve dentro del auto, vi a Ian a través del parabrisas, una de sus manos se volvió un puño, que se la sostuvo con la otra mano, eso fue extraño. Cuando Ian entro al auto no deje de ver su mano, tenía más bellos que en la otra, me distraje un po-co, por el motor del auto, y cuando volví a mirar la mano de Ian, estaba igual que la otra, y… eso también fue extraño, entonces recordé mis días junto a Ian. El primer día cuando no dejaba de verlo, sin que yo quisiera, como me acercaba a él y aceptaba todo lo que me ped-ía, pero bueno no creo que todo eso fuera raro es solo que lo amo, las dos únicas cosas raras que recuerdo son, como su mano era diferente a la otra y que rápidamente se volvió igual, si era eso, pero creo que solo era ilusión mía. En eso escuche una voz dentro de mi cabeza
¡No! Es una trampa, te está utilizando, lo que piensas es cierto, él es malo ¡aléjate de él!
Me gritaba una voz idéntica a la mía.
No, no es verdad, él me ama y yo a él, no es malo es bueno, y no me alejare de él, ¡Lo amo!
Le conteste a esa voz que tal vez era mi conciencia.
- Ya llegamos- Me interrumpió Ian, eso fue demasiado rápido, ni me di cuenta cuando lle-gamos, pero no me importo.
- Está bien, nos vemos mañana- Lo mire y se veía mal, pero mal de enfermo- . ¿Te pasa algo malo?- Pregunte asustada.
- No, estoy bien, nos vemos, adiós.
- Si te pasa algo malo llámame por favor- Le dije.
- Si- Contesto con voz fría.
Cerré la puerta, Ian bajo el vidrio y volteo a verme. En eso recordé lo que dijo la voz en mi mente “es una trampa”
- Te quiero Ian- Le dije, para saber cómo reaccionaba, y lo hizo bien, se calmo bajo un poco los hombros y me sonrió.
- Y yo a ti Melanie, te amo- Subió el vidrio de la ventana de la puerta, arranco el auto y se fue.
Cuando entre a la casa no había nadie, como lo pensaba, mi padre David todavía no llegaba, no tenía nada que hacer, así que me dirigí a mi habitación. La contemple de noche, sus dos camas individuales, una rosa junto a la puerta, la de mi hermana, y una morada junto a la ventana que estaba en el frente de la casa, era la mía. Después mire la otra ventana, que estaba de mi lado derecho al fondo de la habitación, me acerque a ella como si alguien me hubiera llamado desde afuera, pero no había escuchado nada, esto lo había hecho involunta-riamente. Al mirar a través de la ventana vi una sombra que se movió rápidamente, una sombra que se reflejaba con la lámpara que estaba sobre el tejado de la casa, y no era yo. Eso me asusto demasiado y rápidamente cerré las ventanas y la puerta de mi cuarto con seguro, deje la luz prendida y me puse en el espacio que estaba entre las dos camas. Pegue mi espalda contra la pared, me deslice lentamente por ella hasta llegar al suelo para abrasar mis piernas. Ese era un motivo por el que odiaba estar sola, por el que odiaba no estar acompañada.
Estaba muy asustada, lo único que pensaba era en esa persona que tal vez era un ladrón, o tal vez solamente fue mí imaginación. ¿Qué fue lo último que me dijo Ian? Que mi papá no tardaría en llegar, David ni siquiera sabía que salía con alguien, tenía que moverme de aquí para no dejar sospecha alguna de que salía con Ian, ¿Que diría mi padre si se da cuenta de eso? Intente levantarme pero aun seguía paralizada del miedo.
No te asustes nada te lastimara
Volví a escuchar esa voz que anteriormente me dijo que Ian era malo. Entonces recordé los momentos en que también había escuchado esa voz. Todo era muy extraño ni siquiera sabía bien de donde venia esa voz, si de mi cabeza o de otro lugar, estaba muy confundida.
Estuve ahí un minuto y después tome un poco de valor, me levanté del suelo y me senté en el borde de mi cama, mire por fuera de la ventana, y me pregunte ¿Por qué tenía que haber mirado a través de la ventana? Por mirar a través de ella, vi una silueta de un enorme lobo gigante, en el césped que estaba delante de la casa, sentado como sin nada, y solo observaba la calle como si esperara a alguien. Tal vez esa silueta se dio cuenta de que lo estaba observando, porque en un segundo, su gran cabeza giro hacia mí y me contemplo. Al darme cuenta de que me miraba a mí, me entro un horrendo pánico, y desesperada, rápidamente me aleje de la ventana, me desequilibre, y caí al suelo. Allí me quede hecha un ovillo, con mi cabeza entre las rodillas para no poder ver nada, y unos segundos después escuche el motor de un auto, era el auto de mi padre David, un Cadillac DTS. Eso me alivio por completo y rápido mire por la ventana a David estacionarse en frente de la casa.
Siempre reconozco como David a mi padre, aunque nunca lo llamo David en frente del, sino papá o padre, deje de decirle papi por lo de Melody, algo de lo que jamás quisiera recordar, ni pensar que me paso a mí, porque después de eso, son pocas las veces que me han visto sonreír de verdad, y fue peor aun cuando sucedió lo de Michael, me aleje de muchas personas a las que quería, y entre en una fuerte depresión, y creo que mala.
En cuanto escuche a David cerrar la puerta de la casa, baje corriendo las escaleras y lo abrase.
- Hola papá, no te he visto desde hace tres días- Fue mi escusa para abrasarlo pero aun así era verdad.
- Hola hija, si es cierto llegaba y ya estabas dormida- Se rio entre dientes- , y ¿Por qué estas vestida así? Te ves muy elegante.
¡Ay! Que tonta se te olvido cambiarte, y para mi mala suerte lo noto, casi nunca se fijaba en lo que llevaba puesto todos los días, y hoy tenía que hacerlo.
- Ah… si eso, es que…- Vacile- mmm… ¿Conoces a los Griffin?
- Si ¿Por qué?
- Y… ¿Cómo los conociste?
- Pues tuve un asunto con ellos, querían comprar la Mansión Gables y… la compraron.
Bueno, no sabía que tenía que ver comprar la Mansión Gables con la política, ya que mi padre es abogado, pero bueno, no quería saber nada de eso, solo quería saber que piensa mi papá de Ian, y me lo diría sin que él se diera cuenta.
- Ah, ¿Entonces si los conoces?
- Si.
- Y… ¿No se te hicieron raros?
- No ¿Tu también piensas que son raros?- Listo ya se molesto, me dirá todo lo que piensa sobre ellos- . Mira no es que sean raros sino, que no tratas mucho con ellos; a mí me agradan todos.
- ¿A si? ¿Por qué? No entiendo ¿Qué tan agradables son?
- ¿Los padres o los hijos?- Pregunto.
- Pues los padres no los conozco muy bien, pero los hijos si son raros.
- Mira son cinco hijos, el más grande es muy bueno, reservado y sabe muy bien de lo que habla…
- Papá creo que me estás diciendo de mas, solo quiero saber por qué te caen bien- Lo inte-rrumpí.
- Está bien, seré breve. Bueno tienen unas gemelas, las dos son muy diferentes pero una es muy buena gente- Esa gemela era Carley- , y la otra sabe muy bien lo que quiere y se toma todo en serio.
“Después esta el otro hijo, el de cabello más negro. El es muy simpático y gracioso, me gusta su sentido del humor- Ese era Elliot- . Además ese muchacho es guapo- Lo que él quiere, es que ande con Elliot. Si, Elliot es guapo pero no me atrae como Ian- , ¿Ya lo co-noces?
- Si, lo conozco, se quien es- Tenía ganas de decirle que solo de lejos, pero no quería men-tirle, sino lo usaría en mi contra.
- Mmm… está bien, ah también está el más chico, es muy güero y tiene potencial para ser buen político- ¡Ha! No lo creo, Ian no es así- y me gusta su carácter, es caballeroso y muy amable con todos, hasta con la gente que no merece esa amabilidad, él si es un hombre.
- Guau, es impresionante- La verdad, Ian si es muy noble y cortes, por eso lo amo porque ya no hay hombres como él.
- Si bueno, y ¿Por qué estas vestida así?
No puede ser, de tanto que hablo no se le olvido mi vestimenta, bueno llego la hora de de-cirle lo de Ian y yo, aunque tal vez pueda atrasar un poco esa hora.
- Mmm… bueno entonces si te gustan los Griffin ¿verdad?
- ¿Estas intentando evadir el tema? ¿Por qué?
- Tu solo dime si te caen bien o no.
- Si, son muy buenos, me agradan mucho. Ahora dime por qué estas vestida así.
- Bueno- Suspire- , hace un mes llegaron los Griffin ¿Verdad?
- Si, un mes exacto.
- Ellos cumplen un mes exacto aquí, y yo cumplo un mes exacto con mi novio.
Aquí vienen los gritos.
- Ah… ¿¡Qué!? ¡No lo puedo creer! ¿¡Por qué no me dijiste nada!?
- Es que…
- ¡Es que nada! No entiendo porque no me dijiste ¡Un novio! Era eso, tienes un ¡Novio! Te prohíbo que salgas con él- Mi padre gritaba la palabra “novio” como si fuera una grosería, pero para mí era la palabra más hermosa que existía, si se trataba de Ian- . Esto es inaudito.
- Papá…
- Es muy malo para ti hija, no quiero verlo por aquí y si no me…
- Papá, ¡Ya basta! Ni siquiera sabes quién es y ya lo estas criticando.
- Está bien ¿Quién es?
- Mmm… pues… ehh… - Volví a vacilar- se llama… Ian, es el hijo más chico de los Griffin.
- Ah, un Griffin, ¡Un Griffin! Y no me dices nada - Se puso a pensar- pues… bueno, ya que- Se calmo- . Lo que no entiendo, es por qué no me lo dijiste antes.
- Tenía miedo de que reaccionaras como lo hiciste hace unos segundos.
- ¿Cómo?
- Pues te enojaste y empezaste a gritar.
- Ay, lo lamento hija, perdón por gritar, me desespere, lo siento.
- Si papá, no importa, además Ian es muy bueno, perece como si viniera del siglo 18, además te cae bien.
- Está bien, ¿Podríamos hablar mañana? Estoy muy agotado- Dijo mi papá con voz cansada.
- Si papá- Le conteste.
Subimos las escaleras, y cada quien se dirigió a su cuarto, cuando abrí la puerta de mi habi-tación, mire a mi papá con el rabillo del ojo y después mire la puerta a medio abrir, al estar dentro de mi cuarto me sentí sola, vacía y un segundo después volví a sentirme bien, me puse la pijama y me acosté en mi cama.

Cuando llegue a la escuela, como siempre, buscaba a Ian, pero hoy no, Natasha estuvo junto a mí en cuanto cerré la puerta de mi auto, y me quedé en medio de mi auto y ella esperando a Ian, pero él no llegaba, y me comencé desesperar, mi garganta se había hecho un enorme nudo que no me dejaba respirar, ¿Qué le pasó a Ian? ¿Dónde estaba? ¿Por qué no vino? Quería llorar, ¿Dónde está? Me preguntaba una y otra vez. Cada que me preguntaba eso, de poco a poco, todo se volvía gris, triste y sin vida, quería a Ian aquí, ¿Dónde está? Me volví a preguntar y me comencé a sentir sola y culpable de lo que le pasara, porque la última vez que lo vi él se veía enfermo y no lo ayude.
No te preocupes por él, preocúpate por ti. Me dijo esa voz en mi cabeza.
- Hola, oye ¿Qué crees?- Me interrumpió Natasha muy emocionada.
- ¿Qué?- Le pregunte distraída, mi voz era tan baja que apenas se podía entender.
- Llego un chico nuevo, y tenemos la obligación de mostrarle la preparatoria- Pronunciaba todo como si lo estuviera cantando.
- ¿Orto? Pero si no tengo tiempo, Ian…
- Ian nada, es tu deber.
- Ay, está bien, pero solo déjame decirle que voy estar haciendo.
- No creo que puedas ahora.
- ¿Por qué?- En eso sonó el timbre de clases, suspiré, Ian no vino.
- Por eso, no creo que vengan los Griffin hoy, ya es tarde.
- Que extraño, Ian nunca falta, ni uno de los Griffin ha faltado.
- Bueno, pues digamos que como tu novio no está, eres una chica soltera.
- ¿Qué? No, no lo haré- Mi voz se hizo baja de nuevo.
- Solo por hoy, no creo que tu novio se enoje.
- Mmm…- Me puse a pensar como decirle mi condición, pero aun seguía deprimida- Si hare mi deber como vicepresidenta, pero no estoy soltera ¿Entendiste?
- Si, ya entendí, pero te vas a comportar como antes ehh, no te quiero tan reservada, ah, y no pienses en Ian ¿De acuerdo?
- De acuerdo- Le mentí, no podía dejar de pensar en él.
- Perfecto vamos- Volvió a decirme entusiasmada.
Nos dirigimos a la cafetería de la escuela, el recién llegado nos esperaba en una mesa del centro, y no era solo un muchacho nuevo, sino tres y una chica, estaban platicando entre ellos, y creo que la chica era hermana de uno de los muchachos, se parecían mucho, los dos eran rubios, de estatura no muy alta, y tenían la tez muy pálida. El otro muchacho que esta-ba junto al hermano tenía el cabello muy negro y de piel blanca, pero no tanto como los hermanos. Y el chico que estaba junto a la muchacha, era de cabello castaño y su piel tenía un color güero, no estaba tan pálido como los otros y tampoco llegaba al moreno claro, co-mo yo y Natasha.
Nos aproximamos a su mesa y Natasha comenzó a hablar.
- Hola chicos, perdonen la tardanza. Yo soy Natasha la presidenta.
- Y yo soy Melanie la vicepresidenta- Dije un poco distraída.
- No se preocupen por las clases, no les pondrán falta.
- No importa, mejor aun- Dijo el chico de cabello negro- . Mi nombre es William Crowley.
- Yo soy Brad Morrinson- Se presentó el chico de cabello castaño.
- Yo me llamo Tiffany Holland- Continuó la muchacha.
- Mi nombre es Abraham Holland- Dijo el hermano de Tiffany.
- Entonces ustedes dos son hermanos- Hablo Natasha, apuntando con sus dedos a Abraham y Tiffany.
- Si, somos mellizos- Contesto Tiffany.
- Ah mellizos, por eso se parecen tanto- Dijo Natasha sorprendida- . Y ¿de dónde vienen?
- Yo vengo de Reno Nevada- Contesto primero Brad.
- Yo soy de Daytona Florida- Respondió William, unos segundos después.
- Nosotros somos de Lake Tahoe- Dijo Tiffany, mirando a Abraham.
No sé por qué Natasha les pregunto de donde vienen, si ella ya sabía, lo había visto en los registros ¿no? Quién sabe.
Todos quisieron conocer la preparatoria, así que les mostramos la escuela, igual que con los Griffin, y cuando termino el recorrido, llegamos a la dirección, como siempre al final. Mientras la señora Margaret sellaba la clase perdida de los muchachos, nosotras estábamos afuera.
- Que bien te comportaste- Comenzó a hablar Natasha.
- ¿De qué hablas?- Le pregunte.
- No te comportaste como cuando estás con Ian, te comportaste como antes de que él llega-ra.
- Ah, ya, bueno así me dijiste que lo hiciera ¿no?
- Si, y lo hiciste muy bien, ninguno se dio cuenta de que tienes novio.
- ¿Como lo sabes?
- Toda mi vida estuve rodeada de personas, 16 años, ¿Crees que no voy a conocer sus reac-ciones? Sé muy bien leer los rostros de todos.
- Valla eres muy observadora.
- Si lo sé, y observe que no se dieron cuenta de que tienes novio.
- Ya deja de decir eso y dime que es lo que quieres.
- Mmm… que tengas cuidado.
- ¿Con que?
- Ay ya me enfade, te digo que te cuides porque William y Abraham se te quedan viendo como idiotas.
- Ups.
- Si, ups- Entonces me entro un pánico horrible, si Ian lo sabía, tal vez me dejaría, no, no quiero que eso pase.
- Pero ¿Qué voy hacer? Y si Ian se entera- Dije desesperada.
- Ay, no tiene por qué enterarse, solo no le digas.
- Pero si se da cuenta solo ¿Qué haré? No le puedo decir que lo sabía, y si se enoja de que no le dije antes… ¡Ay! Natasha ayúdame.
- Mira no pasa nada, y si se entera no le digas nada, solo quédate callada.
- Y así pensará que lo sabía, y no le dije, ¡Se va a enojar!
-Mmm… solo háblale como si nunca te diste cuenta, y listo.
Abrí la boca para protestar, pero los muchachos salieron de la dirección, y no pude decir nada.
- Chicos ¿A alguien le toca química?- Dijo Tiffany. Y sonó el timbre de cambio de clases.
- A mi- Contestó William, después de que dejo de sonar la campana.
- Y… ¿Puedo ir contigo?
- Si- Contesto William, se despidió de todos, y ahora si me fije que me besó la mejilla bien, no como a Natasha. Entonces Natasha medio un codazo en las costillas.
- Oigan ¿A quién le toca literatura?- Habló Brad primero.
- Yo tengo esa clase, voy contigo- Le dijo Natasha- . ¿Qué te toca a ti Abraham?
- Bioquímica- Contestó, y tenía que contestar bioquímica, tenía que tocarme esa materia con él.
- Uy, es para ti- Dijo Natasha en mi oído, que los chicos no alcanzaron a oír- A Melanie también le toca esa clase.
- ¿A si?
- Si, ¿Por qué no van juntos?
- Me permiten hablar tantito con Natasha- Interrumpí, con una sonrisa muy falsa y los dien-tes exageradamente apretados. La jalé conmigo unos diez pasos de los chicos.
- ¿Qué estás haciendo?- Le dije, con los dientes muy apretados para no gritar.
- N… nada- Me contesto confundida.
- ¿Por qué le estás diciendo que venga conmigo?
- Para que se vea más natural.
- ¿Quieres que Ian me deje?
- ¡No! mira se su amiga y ponle limites, así sabrá que no le interesas.
- ¿Y cómo le pongo los limites?
- Como siempre lo has hecho con los otros.
- Está bien lo haré.
Nos volvimos con los muchachos, me despedí de Natasha y Brad, y me dirigí con Abraham al aula de bioquímica.
- Y tú ¿Eres de aquí o bienes de otro lado?- Me preguntó Abraham.
- Eh… no yo soy de aquí- Le contesté.
- Y… ¿Tienes hermanos?
- Pues tengo una gemela, pero no vive conmigo, esta con mi madre en Los Ángeles.
- Ah, lo siento.
- No, no importa, está bien- Abraham me estuvo preguntando un montón de cosas, pero pocas contestaba, y así estuvo todo el camino al aula de bioquímica.
Y desgraciadamente Abraham tenía el horario idéntico al mío y mi horario era el mismo que el de Ian, y no quería estar todas las clases con Ian, y Abraham interrumpiendo, además si Ian se enteraba de que le gusto a Abraham… tal vez… ni siquiera quiero suponer lo que podría pasar.
Todo el día Abraham estuvo con migo, no se separaba de mi ni un segundo, y como no es-taban los Griffin no tenía otra opción, tuve que estar con Natasha en el descanso, y Natasha estaba con los nuevos, y uno de los nuevos era Abraham, no podía alejarme de él, a donde iba él me seguía. Y lo peor de todo es que esta pesadilla duro toda la semana, porque Ian faltó la semana completa junto con sus hermanos, y Abraham no me dejaba en paz, además de vez en cuando nos encontrábamos con Ben, mientras yo estaba en medio de William y de Abraham.

Era sábado y aun nada sobre Ian, no me llamó, no me mando un mensaje ni nada. Y co-mencé a ponerme triste, nerviosa y desesperada, no sabía ni donde estaba, ni como estaba, y tampoco cuándo regresaría o si por lo menos regresaría algún día. ¿Dónde está? ¿Dónde está Ian? Es lo único que quería saber.
No sé por qué comencé a comparar a Ian con Michael, pero lo hice. Si en verdad Ian me dejó, que para mí es muy probable que eso paso, Ian nunca me avisó de que sus sentimientos hacia mí se desvanecieron y que no volvería, pero Michael, si se despidió y él me prometió que volvería, no como Ian, aún espero la llegada de Michael, porque creo que aun lo amo, pero ese amor está escondido, encerrado; y a Ian, él no me dijo nada, tal vez no tengo por qué esperarlo, solo esperar a Michael y ojalá él me regrese la felicidad que Ian se llevo.
Ni uno de los dos se llevo o te regresó la felicidad, tú la borras para intentar olvidar, pero jamás podrás olvidar.
Me dijo esa voz, nunca la había escuchado hablar tanto, siempre eran pocas palabras, pero tenía razón, y no quería creerle.
Intente saber donde estaba Ian o al menos hallar a alguno de sus hermanos. Le llame al ce-lular pero no contesto, recordé que le gustaba ir al parque pero no estaba en aquel lugar, mi padre me había dicho que compraron la Mansión Gables, así que decidí ir.
Cuando llegue a la mansión, se veía que alguien vivía allí, porque no se veía sola y parecía que detrás de las ventanas había cortinas, toqué la puerta pero nadie abrió, y creí que era malo, pero aún así entré por la puerta de atrás, donde estaba la cocina, que era totalmente blanca, pero preferí no entrar más allá de la cocina y mejor me salí. Al regresar a casa, ya era tarde y solo llegue para dormir, ni siquiera cene, estaba muy deprimida, solo sentía un enorme hueco dentro de mí, tenía la necesidad de tener a Ian junto a mí, pero no estaba y una fuerte punzada de dolor en mi pecho apareció.

El domingo no tenía nada que hacer, y solo pensaba en Ian, no me lo podía quitar de la ca-beza, ni siquiera limpiando la casa podía olvidarlo, estaba atormentada, si, esa es la palabra, atormentada, ¿Dónde está? No lo sé, ¿Cómo esta? No lo sé, ¿Cuándo volverá? No lo sé, y de pronto me sentí enferma, mi cabeza me dolía y tenía mucho calor, me recosté en el sofá de la casa con un trapo mojado en la frente, y me quede viendo el techo de la casa pensando en Ian y yo, ¿Qué estuviéramos haciendo ahora? Y ¿Qué haríamos mañana? El día pasó muy lento, demasiado lento, solo era medio día cuando terminé de limpiar toda la casa, y el resto del día estuve recostada en mi cama, hasta quedarme dormida, mientras lloraba por Ian. En eso recordé, sin Ian aquí, todo era igual que antes para mí, depresión, tristeza, sole-dad y llanto.

El lunes en la mañana no quería ir a la escuela, no quería volver a ver ese espacio vacío junto a mí, donde debería estar…él, ni siquiera puedo pronunciar su nombre, pero aún así tenía que ir a estudiar y se me hacia tarde, así que me arreglé rápido, bajé las escaleras y me dirigí a la puerta, porque ni ganas de desayunar tenia.
- ¿A dónde vas?- Salté del susto y mi mochila, casi vacía, se cayó al suelo, y velozmente me di la vuelta.
- Ah, papá, ¿Por qué estás aquí?- Le dije a mi papá, no esperaba que estuviera acostado en el sofá de la sala, esperaba que estuviera en su trabajo.
- Pues hoy mi jefe me dio un día libre, y decidí estar en la casa. ¿A dónde vas?
- A la escuela.
- Bueno se te hace tarde, y te voy a esperar, quiero conocer a Ian- Tenia que mencionar eso.
-Eh… papá luego hablo de eso contigo, adiós.
Abrí la puerta y me dirigí a mi pequeño Beetle rojo. Estaba totalmente deprimida, ni siquiera le hallaba el chiste a manejar, ¿Por qué mover el volante? Que él fuera a donde quiera, ¿Por qué ver a donde voy? Si puedo ver otras cosas.
Porque te puedes desviar del camino, chocar y morir.
Me contestó esa voz.
Pero ¿Qué importa eso? ¿Qué importa si muero? Le dije yo a la voz.
Pues importa mucho, aunque tú no lo creas.
La volví a escuchar hablarme.
Sí, eso crees tú, ¿Y qué importa? La única persona que quiero no está aquí.
Eso crees tú.
No entendí eso de que “eso creo yo”, pero ya no quise pelear con la voz, solo era una voz y nada más.
Cuando llegue al estacionamiento vi un cajón desocupado y me estacione allí, creo que era el último espacio disponible, tome mis cosas y baje del auto, al bajar de pronto me sentí feliz y las comisuras de mis labios se curvaron, formando una sonrisa, estaba tan feliz y no entendía por qué. Camine junto a los autos buscando a Natasha, la vi junto a su auto hasta el fondo del estacionamiento y me dirigí hacia allá; a medio camino vi que estaba platicando con alguien, pero pasaban tantas personas que no podía saber quién era
Y de repente todos dejaron un espacio en forma de camino, pero no me veían, ni veían el espacio, ellos seguían en sus platicas, no creo que se hayan dado cuenta de lo que ellos hicieron, pero eso lo ignore por una sola cosa, porque lo vi, estaba junto a Natasha hablando como sin nada y seguía igual que siempre, güero, de piel pálida, con el cabello despeinado, una camisa apretada al igual que su pantalón de mezclilla y con unos hermosos lentes negros de marca, los latidos de mi corazón decían su nombre: Ian…Ian…Ian, y cada vez más rápido Ian, Ian, Ian, Ian. Era él, por él estaba feliz e ignore el espacio, corrí a sus brazos lo más rápido que pude.  

sábado, 20 de febrero de 2010

Amor Licántropo Bella Traición

NOVIOS

- ¡Guau! Esa película es muy buena, fue genial ¿no?- Le dije cuando estábamos en el obs-curo estacionamiento, en medio de el Aero y mi Beetle, pero aun podía verlo bien.
- Si, estuvo genial- Me contesto.
Voltee a verlo y estaba sonriendo, me veía con una intensidad en sus ojos, azul turquesa, que me cortaron la respiración.
- Oye, ¿me das tu número de teléfono?- Me pregunto.
- Ah, sí, préstame tu celular y te lo escribo ¿si quieres?
- Ah, sí.
Saque mi celular y el saco el suyo, nos los cambiamos y empezamos a escribir, Ian en mi celular y yo en el de él.
- Listo mi celular, y mi nombre- Comencé a hablar.
- Perfecto, aquí tienes.
- Gracias.
Nos cambiamos los celulares y los guardamos, pero Ian no dejaba de verme. Entonces yo también lo mire a los ojos. Puso sus manos en mi cintura y me acerco a él, una de sus gran-des manos se deslizo por mi espalda hasta mi nuca, mientras yo, como estúpida, seguía mi-rando sus hermosos ojos de un azul ardiente que se acercaban de poco a poco. Mis manos se deslizaron por su pecho hasta rodear su cuello, y mis labios alcanzaron los suyos, que eran dulces, cálidos y se amoldaron a los míos sin ningún problema, como si fueran hechos solo para mis labios, que necesitaban de los de él, que seguía besándome, hundiendo sus dedos en mi cabello con una mano, y la otra se deslizaba de mí cadera a mi cintura, mí espalda, bajaba a mí cadera y de nuevo comenzada el mismo trayecto. Nuestras respiraciones se convirtieron en jadeos, solo separamos, unos centímetros, los labios, pero Ian me estrecho más a él y puso entre sus dientes mi labio inferior y lo jalo con suavidad hasta que mi labio se desprendió solo, subí mis manos de su cuello a su nuca, donde tome su sedoso y suave cabello entre mis manos y me paraba de puntitas para alcanzar sus labios que se alejaban de poco a poquito, y los alcance.
No podía creerlo, si solo teníamos como ocho horas de conocidos, y ya lo estaba besando. Claro, lo vi y me enamore por completo de él, pero no era para andar besándolo a las ocho horas después. Eso no estaba bien era muy malo, o tal vez no.
Me soltó y yo lo solté automáticamente pero no dejamos de vernos, y en cuanto me di cuen-ta de lo que pasaba jadee.
- ¡Por dios!- Exclame- ¿Qué hice?- Ian esbozó una sonrisa y se rio entre dientes.
- ¿Ya eres mi novia?
-¿Qué?
- ¿Quieres ser mi novia?
Me quede helada, muda, no sabía qué hacer. Trague saliva muy audiblemente, e Ian se rio entre dientes otra vez.
- Hueles bien- Me dijo. Fruncí el seño.
- ¿Qué?- Fue lo único que pude articular- Eh… digo… si.
Ian esbozó una gran sonrisa en su rostro, me rodeo la cintura y me guio a la puerta del piloto de mi auto, abrió la puerta y me subí al carro, me beso la mejilla y cerró la puerta. Se dirigió al Aero y se fue.
Cuando llegue a casa eran casi las seis, porque maneje lo más lento para poder aclarar bien mis ideas, y aun seguía sin entender porque lo hice, pero al recordar el beso… mi corazón se desboca, se hincha mi garganta, no puedo respirar y siento un hueco en la boca de mi estomago. Así que deje de pensar en eso.
Me estacione en la cochera de mi casa y me dirigí al porche de la entrada, cruce la puerta y mi papa David me estaba esperando en el sofá de la sala. Lo ignore y fui a las escaleras.
- Son las seis, ya viste- Me llamo al ver que no dije nada.
- Ah, sí, perdón, pero creí que podía llegar cuando quiera.
- Solo hasta las diez.
- Por eso, son las seis.
- Bueno, está bien
Subí las escaleras y camine a mi habitación, cerré la puerta y me puse en la computadora.
Me metí a mi coreo para revisarlo, no tenia mensajes. Melody, mi hermana, estaba conecta-da, así que comencé a platicar con ella.
-Hola, ¿como estas?- Le pregunte por el coreo.
-Bien, hermana, y ¿tu?- Me contesto.
-Ammm… bien.
-Ese ammm… no parece bien. ¿Qué ocurre?
-Pues… no se… ya… tengo… novio.
-¡AAAAAAAAAAAAAAAAA! ¿ENSERIO? ¿Cómo es?
-Bueno, es muy lindo con migo, es alto, corpulento, rubio y de unos hermosos ojos azul turquesa, como el agua, es guapísimo y muy amable.
-¡Por dios! ¿Tiene hermanos?
-Pero ¿para qué? Si vives al otro lado del país.
-Ah, se me había olvidado decirte que me voy a vivir contigo en abril.
-¡¿En serio?! No lo puedo creer, vendrás a Vermont. ¡Es increíble!
-¿Verdad que si? Dormiré contigo, espero que aun estén las dos camas ¿eeh?
-Sí, ni una se ha ido.
-Perfecto. Terminare la preparatoria allá. Oye me tengo que ir mama quiere comprar comida, nos vemos.
-En Vermont.
-Bye.
Era estupendo mi hermana vendrá en abril a terminar la preparatoria, y estábamos en febrero del primer año, magnifico estaré con ella y con Ian, Ian- suspire- , será genial. Estuve pensando en eso todo el rato hasta que me dormí.
El día siguiente, al llegar a la escuela, estuve buscando a Ian pero no veía ni un carro de los Griffin, Griffin el apellido de la familia de Ian, no sabía por qué aun no llegaban, es su se-gundo día de clases así que no deberían tardar.
En eso Natasha es puso en frente de mi y no me dejo ver ni buscar nada.
- Hola, ¿Qué tal tu cita con Ian Griffin?- Me pregunto.
- ¿Cita?- Pregunte yo. Bueno, si era una cita, pero no me di cuenta de eso hasta el final.
- Ay, no te hagas, fuiste al cine con él ¿recuerdas?- Me dijo.
- Ah, ya, no, no era cita- Le aclare.
- Ay ¿entonces que era?
- Pues solo… un… una salida de amigos, te invitamos pero no fuiste ¿recuerdas?
- Está bien, pero ¿qué hicieron?
- Ver una película.
- No, no me refiero a eso, sino a lo otro, ¿lo besaste?
- ¿Qué?
- Es un cine, está obscuro y fue hecho para eso, además de ver películas.
- Aja, pero no, no lo bese- El lo hizo y yo se lo devolví pero no lo bese. Pensé para mí.
- ¡Oh! No puedo creer que no aprovecharas esa oportunidad- Pero el sí. Volví a pensar.
- Ay, no importa.
- Claro que sí.
Entonces llego Ian en el auto de Brian.
- Está bien, lo arreglare- Y me dirigí a donde estaba Ian. Mientras me miraba Natasha in-crédula.
- Hola, chicos- Salude a los Griffin.
- Hola- Contestaron todos.
- Eh, Ian ¿Qué te toca?- Pregunte
- Amm física- Me respondió Ian
- A mí también, ¿vamos?
- ¿Para qué? ¿Para besarlo? ¿No te basta con lo de anoche?- Se burlo Elliot entre risas.
- No, a mi no- Contesto Ian- . Vamos- Me dijo.
- Ok- Puso su gran mano en mi espalda y nos dirigimos a los edificios de la escuela.
- ¿Por qué les contaste lo de anoche?- Le pregunte a Ian cuando nos alejamos de ellos.
- Es que me amenazaron en torturarme si no les decía.
- ¿Torturarte?- Me burle.
- Soy el más chico, Melanie, no puedo solo.
- Está bien, solo…- Vacile- mm… no le digas a nadie más ¿sí?
Estábamos solos en un pasillo por donde casi nadie pasaba y por eso mi voz era un poco más fuerte. Ian se paró en seco al escuchar lo que dije.
- ¿Porque no quieres que alguien más lo sepa?- Me pregunto un poco enojado, lo había ofendido.
- No sé, es que… tal vez piensen mal de nosotros.
- ¿Por qué mal?
- Porque estamos saliendo muy pronto, sería mejor si comenzáramos en dos o tres semanas ¿te parece bien?
- No, porque yo quiero estar contigo, y no voy a esperar más.
- Ian…
- ¿Me quieres? Dime la verdad ¿te gusto?
- Ian, claro que te quiero, y solo a ti, a nadie más.
- No parece, si enserio me quisieras, te olvidarías de los demás, y solo pensarías en nosotros dos.
Eso fue un golpe bajo, claro que lo quería, no, lo amaba, pero no sé porque una pequeñísima parte de mí, que estaba arrinconada, me gritaba que me alejara de él, que era peligroso. Pero no le hice caso.
- Está bien, Ian. No me importa nadie que no seas tú, solo tú estás en mi mente, soy tuya.
- Así me gustas, decidida.
Rodeo mi cintura con uno de sus brazos y me estrecho a él, nuestros labios se encontraron de nuevo y parecía que no se separarían jamás, lleve mis manos a su cabello perfecto y pe-gue mi pecho contra el de él, puso sus manos en mi espalda y me estrecho aún más, deslicé mis manos por su cuello y las puse en su enorme y musculosa cintura mientras que con mis dedos trazaba líneas invisibles en su cuerpo. Separe mis labios de los suyos para poder respirar e intentar calmar mi corazón, que golpeaba mis costillas hasta que me dolía. Ian deslizó sus labios por mi mentón hasta el centro de mi pecho mientras yo inhalaba el deli-cioso aroma de su cabello.
- Hueles muy bien, amor- Dijo con sus labios aun rosando mi pecho.
Sentí como su aliento chocaba y refrescaba mi piel, justo en el centro de mi pecho.
- Tú también hueles delicioso.
Ian se acomodo para que me pudiera ver bien. Nos miramos un rato a los ojos, los suyos, de un perfecto azul, que ya no era cristalino sino turquesa, brillaban de pación, de una tan fuer-te que me hacia desearlo más, y mis labios gritaban por los de él desesperadamente, yo también gritaba por dentro, quería besarlo, sentir el amor de él combinándose con el mío. Era irresistible, difícil de expresar y fácil de sentir, yo lo amaba, yo era suya, y quería be-sarlo.
Me tomo de la mano y caminamos juntos hasta el aula de física. El tiempo paso muy rápido, Ian y yo no nos separamos para nada en todo el día. Estuvimos con sus hermanos y después fuimos con Natasha, se puso como loca cuando nos vio tomados de la mano acomodándolas detrás de la espalda de Ian.
- ¡AAAAA!- Grito Natasha- . No lo puedo creer andan juntos, es increíble.
Ian y yo nos reímos por la reacción de Natasha.
- Si, te dije que lo arreglaría- Le explique.
- ¿Cómo es posible que lo hicieras por lo que te dije?- Me pregunto enojada.
- Cálmate, Natasha, andamos desde ayer.
- ¿Y no me dijiste? Valla amiga que res- Reclamo mientras Ian se reía. Adoraba su risa.
- No te lo dije porque me daba pena.
- ¿Pena? ¿De qué?- No conteste eso, porque tal vez me creyera loca.
- Creía que pensarías mal de ella- Contesto Ian.
- ¿Qué pensaría de ti que fuera malo?- Se dirigió a mí.
- No lo sé- Conteste.
- Pues nada- Contesto Natasha- , no hay nada malo que pensar, esto es genial, es…- busco las palabras adecuadas- es increíble. No creí que ni uno fuera tan rápido.
- ¿Rápido?- Preguntamos Ian y yo al mismo tiempo.
- Ay, los dos eran muy obvios, Ian no te dejaba de mirar, y tú tampoco lo dejabas de mirar, hasta yo me di cuenta de que se querían.
- Ah, ¿sí?- Preguntamos los dos al mismo tiempo, otra vez.
- Sí, para eso de esconder sentimientos son muy malos, y además conozco muy bien a Me-lanie- Natasha se empezó a reír mientras yo me sonrojaba y por eso Ian se rio también.
- Está bien pues, soy muy mala para eso- Admití- . Pero no es para que se burlen de mí.
- Ok, los dejo chicos. Me toca lengua y literatura, en esa clase voy muy mal. Adiós.
Ian y yo seguíamos agarrados de la mano. Sonó el timbre de clases y caminamos al aula de ciencias, en silencio pero nos hacíamos caricias, se me escapaban risitas de vergüenza y me ponía un poco roja, Ian se reía entre dientes, cada vez que me veía sonrojar, pero me acari-ciaba la mejilla.
Al terminar las clases Ian me acompaño a mi auto y me beso jalando mi labio inferior entre sus dientes, cuando lo soltó se despidió y cerró la puerta del piloto.
Llegue a casa y David todavía no llegaba de la oficina. Lunes y viernes salía del trabajo a las cinco y los demás a las diez treinta, los fines de semana salía al primer lugar que se le ocurría, no le gustaba estar encerrado en la casa, creo que le recordaba a mí madre, y la casa se quedaba sola con migo y a veces vacía porque yo me iba con Natasha de compras o hacíamos otros planes.


Ya había pasado un mes que desde que conocí a Ian y un mes desde que fuimos novios, era marzo, así que le compre un delicioso perfume de D&G y él un enorme oso de felpa con unos chocolates en forma de corazón y un reloj Fósil, que no sé de donde lo saco, pero era hermoso.
- ¿Dónde encontraste el reloj?- Le pregunte. Estábamos en el estacionamiento de la escuela, junto a mi auto.
- Fui a los Ángeles el fin de semana, allí lo compre- Me contesto.
- ¿Fuiste hasta los Ángeles por mi regalo?
- Sí, ¿no te gustó?
- Es increíble que hayas hecho esto por mí. Es… hermoso, gracias.
Lo rodeé con mis brazos lo más fuerte que pude, tomo mi rostro entre sus manos y me beso, cuando me besaba liberaba todo el amor que retenía dentro de él y no se ponía limites, hasta que yo lo detenía, pero yo quería que siguiera.
- Hueles muy bien- Me dijo. Siempre que me acercaba a él me lo decía, pero no inhalaba fuerte, solo respiraba normal, tenía un buen sentido del olfato.
- Ah, gracias, es Paris Hilton- Le dije mientras guardaba mis regalos.
- Hola, como están- Interrumpió Natasha- . ¿Que se regalaron?
Ian y yo nos reímos, mientras ella buscaba los regalos. Encontró el gran oso con chocolates en mi auto, y se puso como loca cuando vio el perfume en la mano de Ian.
- No lo puedo creer, es hermoso. Felicidades.
- Pero si solo es un mes no un año- Dije mientras caminábamos al auto de Ian para guardar su perfume.
- Pero un mes es un mes- Repuso Natasha, junto a mí.
- Está bien, entonces gracias.
Los tres nos dirigimos a la primera clase, después de guardar el perfume de Ian, en el auto de Brian. Ese día solo vimos una vez a los hermanos de Ian, porque estuvimos solos y pocos ratos con Natasha, era nuestro día, solo él y yo juntos.
Fue un día más corto, al término de las clases, Ian me acompaño a mi auto, me abrió la puerta del piloto, cuando estuve dentro del auto me beso la mejilla.
- Nos vemos luego- Me dijo al oído.
- Si- Conteste.
Se incorporo y cerró la puerta. Cuando llegue a casa, estaban llamando al teléfono, deje las llaves en la mesa junto a la puerta, cruce la sala y me dirigí al teléfono.
- ¿Sí?- Conteste. Era David, papá.
- Hija, soy yo- Dijo mi papá.
- Si, papá, ¿Qué sucede?
- Es que, solo te llamaba para decirte que tengo un asunto pendiente, llegare tarde a casa. Para que no hagas cena para mí, comeré algo acá ¿sí?
- Si papá. Eh ¿como a qué hora vendrás?
- A las doce. Pero no por eso vas a llegar después de las diez, te quiero ver dormida cuando llegue, ¿entendido?
- Si, papá, ya entendí.
Colgué el auricular y fui a comer, después tome las cosas de limpieza. Limpie las habita-ciones del piso de arriba y luego las de abajo, cuando termine, hice la tarea de la escuela, y des pues me metí a mi correo electrónico. No había nadie conectado, y eso que eran las siete de la tarde cuando todos estaban en sus casas, según eso.
Estuve viendo que había en la televisión de la sala, pero no había nada interesante. Entonces sonó mi celular, era Ian el que llamaba.
- Hola, ¿Qué paso?- Quise saber.
- ¿Ya estas lista?- Pregunto.
- ¿Para qué?
- Pues para cenar. No me digas que no te has arreglado- Se quejo.
- Pero ¿cenar? ¿A dónde?
- Es una sorpresa. Por eso no te dije nada. Arréglate iremos a un restaurante.
- Está bien.
Colgó el teléfono, me quede en el sofá sin hacer nada, Ian me había confundido. Me fui directo a mi habitación, cerré la puerta y fui al closet de madera para ver que podía poner-me. Tenía un vestido negro y uno plateado. El negro tenía un bonito bordado blanco, con una flor blanca en la parte superior izquierda, del vestido, que era extra ple. El plateado, era más simple, tenía una capa de tela fina con brillos tornasol, sobre el vestido, y era de tiran-tes. Así que decidí ponerme el negro.
Tome el vestido, lo deje tendido en la cama y me dirigí al baño. Después de bañarme me seque el cabello con la secadora y comencé a maquillarme. Termine de arreglarme y me comí una menta. En eso llego Ian, hizo sonar el claxon de su auto.
Cuando baje y abrí la puerta de la casa todo estaba obscuro y casi no se veía nada. Vi el reloj que llevaba en la muñeca, el que Ian me regalo en la mañana, faltaban quince a las ocho. Pero pude distinguir el hermoso auto negro con rojo porque las partes rojas del auto resaltaban muy bien. Ian bajo del auto y se acerco a mí.
- ¿Te gusta? Es mi auto, un Bugatti Veyron- Me informo mientras se ponía junto a mí y me guiaba, con su mano en mi espalda, al hermoso auto, que estaba estacionado frente a mi casa.
Yo seguía sin decir nada, estaba totalmente deslumbrada por ese auto. Ian me abrió la puer-ta del copiloto, subí al auto y me quede allí, Ian dio la vuelta al auto y subió, fue entonces cuando me di cuenta de que llevaba traje, y uno muy bonito. Subió al auto y lo encendió.
- Te ves hermosa, hueles muy bien- Me dijo cuando el auto avanzo.
- Ah, gracias. Te queda muy bien ese traje y hueles delicioso, ¿Qué perfume es?
- D&G. Qué hermoso reloj me gusta.
- Es un reloj Fósil.
Los dos nos reímos por esa plática, como si no supiéramos de los regalos.
- Es un carro muy hermoso, me gusta- Dije después de un rato mientras observaba el auto por dentro, la verdad me moría de la emoción pero me controle porque si no me alocaría por completo.
- Entonces ¿te gusto mi auto?
- Sí, me encanta- Dije con una nota de emoción, mi punto débil eran autos deportivos y las cosquillas claro.
- Que bueno.
No dijimos nada más. Un rato después puse atención hacia dónde íbamos, estábamos to-mando la calle para ir a el restaurante más caro de la ciudad. ¿Cómo iba a pagar lo que yo comiera? Era demasiado caro y ni siquiera estábamos en Richford.
- ¿Por qué estamos en este lugar?- Le pregunte, medio protestando.
- Pues es un regalo, ¿Te gusta?- Pregunto, preocupado.
- Ian, esto es muy caro y no lo puedo pagar, ni siquiera lo mío.
- Quien dijo que tu ibas a pagar ¿eh? Yo voy a pagar todo, lo tuyo y lo mío.
- Pero Ian, no voy a hacer que pagues tanto, solo para alimentarme.
- No, no necesitas hacerlo, porque yo lo hare. Me lo agradecerás, ya lo veras- suspire y mire el tablero del auto.
No discutí con él, así que me aguante. De todos modos no tenía sentido hacerlo.
Cuando nos estacionamos, Ian se bajo primero, me abrió la puerta y me baje del auto. Al menos estaba bien vestida para el lugar en el que cenaríamos. El restaurante era muy ele-gante y hermoso, si, tenía que ser caro, por ser tan lujoso.
Entramos por la hermosa puerta, muy detallada, difícil de describir, nos acercamos a la hos-tess, que nos saludo, se presentó y nos guio a una mesa reservada solo para dos y en un lugar privado.
La hostess nos dejo con los menús y se fue. Estuve viendo que es lo que había para cenar. Tenían muchos tipos de comidas, china, italiana, francesa y hasta mexicana.
- Y… tus padres ¿en que trabajan?- Pregunte, mientras me decidía si comer sushi o maca-rrones con queso y pimienta, era extraño que no supiera mucho de sus padres, pues el no hablaba mucho de ellos, pero no me importaba.
- Mi padre es biólogo.
- ¿Biólogo? Guau, es impresionante- Biólogo, esa es la razón de que tiene dinero.
- Y mi madre es diseñadora de moda, manda sus diseños a Milán y a Roma. Gana muy bien.
- ¿Enserio? ¿Diseñadora de moda? Es tan…sorprendente. Impresionante- No tenía ni idea de que podía decirle. Solo me impresionaba cada vez más. Diseñadora de moda, ¡Es genial!
- Si, mi madre es una de las mejores diseñadoras.
- Que genial es todo eso, moda, biología, es muy impresionante.
- Si, lo es. Cuéntame de ti, lo único que sé es lo que has hecho aquí.
Eso era algo de lo que no me gustaba hablar, por que recordaba esos momentos tan hermo-sos que pasaba con mi madre, mi hermana y mi padre. Me dolía recordar lo que algún día paso, pero no volverá a suceder. Esos recuerdos me hacían llorar, y todavía lo siguen haciendo.
- Pues…mi madre…es enfermera- Vacile- , y aquí no tenía mucho trabajo…por eso co-menzaron los conflictos entre mi…padre y mi madre- No sabía cómo decirlo bien, solo parecía que buscaba las palabras adecuadas para hablar, pero no era por eso que me com-portaba así, sabía exactamente lo que quería decir. Tartamudeaba porque me dolía hablar de eso, el estar sola es muy horrible, no tienes con quien platicar lo que te pasa y tampoco tie-nes en quien confiar.
- Lo siento, no pretendía lastimarte- Me interrumpió Ian. Tal vez porque vio el dolor en mi rostro intento animare, mientras yo veía la mesa.
- Ah, no, no es nada- Tenía los ojos humedecidos y un nudo en mi garganta. Solo recordaba el hermoso perfume de mi madre y sus cálidos y protectores brazos que me cubrían del frio y que desaparecieron, junto a mi otra mitad, mi hermana, mi gemela, con quien siempre estaba, éramos inseparables y las mejores hermanas, nunca nos peleábamos, hasta nos de-fendíamos, yo a ella y ella a mí, de nuestra madre cuando nos regañaba.
Levante la carta y la puse enfrente de mi rostro, así Ian no podía verme bien y no sabría lo que me pasaba. En eso llego la mesera.
- ¿Puedo tomar su orden?-Pregunto la mesera, pero solo a Ian y no a los dos, pero bueno entendía a la chica, Ian era irresistible, y por eso la perdone.
- Melanie que es lo que quieres- Me pregunto Ian.
- Eh, creo que probare sushi empanizado- Le conteste a Ian, como si la mesera no estuviera, pero me fije que la mesera anotaba de mala gana lo que pedí. Cuando mire a la mesera me di cuenta de que era muy guapa, rubia, de tez blanca y de buen cuerpo, tal vez de unos die-cisiete años, de nuestra edad. Mire a Ian, él ni siquiera puso un ojo en la camarera, no dejaba de ver la carta del menú que tenía en mis manos.
- ¿Qué te gustaría cenar?- Le dijo la mesera a Ian, con una voz en la que había más que solo cortesía.
- Yo quiero arroz a la parmesana, por favor- Ian siguió viéndome, la mesera tomo las cartas del menú y se fue. En cuanto estuvimos solos otra vez recordé de lo que estábamos hablan-do.
- Mi hermana y yo nunca nos separábamos, siempre estuvimos juntas y después cuando nuestros padres comenzaron a discutir no hacíamos más que encerrarnos en nuestro cuarto, sentadas en un rincón abrazadas- Mis ojos se inundaron y mi voz se hacía más forzada- . Un día desperté y mi hermana no estaba, eso fue raro porque siempre me levantaba mucho antes que ella.
- Melanie, no hables de eso si no quieres- No sabía que es lo que Ian veía en mi rostro como para decirme eso pero sea lo que sea era algo que lo mortificaba.
- No Ian- dije con mi voz quebrándose- , estoy bien, pero no quisiera hablar de eso en este lugar.
- No lo hagas si no quieres.
- Cuando baje las escaleras vi que la puerta de la casa estaba abierta- Continué ignorándolo- , solo me asome, mi padre tenía a mi hermana dormida en sus brazos y la metió al auto de mi madre, Charlotte, el nombre de mi madre, ya estaba en el auto, le dijo algo a David y se marcho, mi padre me vio, con una tristeza en sus ojos que derramaban lagrimas. Se han ido, es lo que decía papá, diario que me levantaba, gritando en mi habitación, el nombre de mi hermana, Melody.
“Sabes, yo siempre desde chica peleaba a Charlotte, me gustaba hacerla enojar, es por eso que prefirió llevarse a Melody que a mí- Mire hacia la mesa y suspire- , nunca supe lo que iba a pasar, yo quería mucho a mi padre y lo defendía de mi madre, y por eso la molestaba más y más. Cuando mi padre me vio en la puerta, solo estaba allí, pero sin hacer nada, en cuanto me dijo que regresara a mi habitación, supe que pasaba, me puse como loca, corrí por la calle, viendo el carro de mi madre alejarse, intente alcanzarlas, pero me caí, y solo pude gritarle a mi hermana, en eso mi padre se sentó junto a mí, me abrazo y yo me acurruque junto a él llorando, se habían ido.
La camarera nos trajo la comida, y me di cuenta de que por primera vez, no llore al hablar de eso, fue satisfactorio saber que no fue como debió haber sido, con grandes lagrimas que mis ojos derramaban. Tome los palillos chinos, que estaban en mi plato, y sostuve bien el sushi entre los palillos, Ian tomo la cuchara que estaba junto a su plato y comenzó a comer el arroz. La chica se quedo de frente a Ian y se puso las manos en la cintura.
- ¿Desean algo de tomar?- Pregunto la camarera, mirando solo a Ian.
- Me agradaría una coca cola, por favor- Contesto Ian.
- También yo, gracias- Dije antes de que se diera la vuelta y se marchara la mesera.
- Está bien- Contesto la camarera y se fue.
- Perdóname, no creí que fuera tan malo, lo siento mucho- Me dijo Ian.
- No, me siento mucho mejor, nunca podía hablar de este tema sin salir llorando, gracias por escucharme, lo necesitaba.
- Cuando quieras Melanie.
Lo mire a los ojos y suspire, después baje la mirada hacia el sushi y seguí comiendo. Me sentía muy bien a decir verdad, Ian me consoló de lo que paso hace siete largos años.
Suspire de nuevo mientras pensaba en eso, y me dio un poco de gracia que Ian me consoló, de esos horribles recuerdos, con tan solo escucharme y ni siquiera me sobo la mano, como todos los demás lo harían, solo escucho.
Seguimos comiendo en silencio, y cuando terminamos de cenar pedimos la cuenta, le deja-mos propina a la camarera y nos fuimos al carro.
- Cuanto pagaste por la comida- Pregunte cuando ya estábamos en el auto.
- No se- Me contesto.
- Si sabes Ian y quiero que me lo digas- Exigí.
- Está bien, pero te vas a enojar.
- No importa, quiero saber.
- Bien fueron 256 dólares- Ian no dejaba de mirar la carretera, por el parabrisas, estaba un poco apenado, creo, porque no me miraba.
- Bueno, sí, es muy caro, te dije que no tenías que pagar todo.
- ¿No estás enojada con migo?- No, no estaba enojada con él, solo con un poco de pena.
- Pues…no, no lo estoy- Entonces Ian sonrió.
- Que bien. Bueno, son las ocho, ¿vamos al parque?
- Está bien.