MISTERIO
Cuando llegamos al parque, era de noche, como dijo Ian, las nueve. Estaba nublado ni si-quiera la luna se podía ver, pero había algo muy cómodo en ese lugar y no sabía que era. El parque parecía bosque, pero tenía unos cuantos caminos de pavimento, por donde la gente podía caminar, no era ni grande ni pequeño ese parque, pero un niño pequeño si llegaba a perderse. Y en el centro del parque estaba un gran árbol y, debajo de él, una piedra liza, tallada en forma de banca, el árbol era grande y un espacio de, más o menos, diez metros era puro césped, después se encontraban los otros árboles. Ese parque era hermoso y muy natural, pero en la noche era un tanto tenebroso, porque la obscuridad reinaba, aunque eso me daba miedo, Ian estaba junto a mí, con el me sentía segura y tranquila. Él era todo para mí, me consolaba con solo escucharme y me calmaba con solo estar junto a mí, ¿Qué más podía hacer para que yo estuviera en perfecto estado emocional? Él me hacia feliz y por eso lo amaba, por eso yo no quería separarme de él.
Ian y yo estuvimos caminando por el parque, hasta que llegamos a su centro, nos sentamos en la banca y yo mire al cielo, que seguía nublado, después de unos segundos me di cuenta de que no era la única que miraba el cielo, Ian también lo hacía, pero él no miraba el cielo, él contemplaba la poca luz difuminada de la luna.
- ¿Por qué estas mirando el cielo?- Pregunte curiosa.
- No lo sé, me gusta hacerlo- Me contesto- , pero no veo el cielo, veo la luna.
- La luna es hermosa, me encanta.
- Si, lo es.
Una fuerte ráfaga de viento soplo y mi cabello se alboroto, igual que el de Ian, pero el cabe-llo de Ian se veía perfecto, no se veía feo ni enredado, sino suave y sedoso. El viento, que soplo tan fuerte, hizo que el cielo se despejara de poco a poco. Entonces Ian se puso tenso.
- Debemos irnos- Dijo Ian un poco desesperado.
- Pero ¿Por qué?- Quise saber.
- Es muy tarde, tienes que ir a casa.
- Si solo son las nueve cuarenta.
- Es por eso que tienes que estar en casa.
- Bueno si, maña ay evaluación de bioquímica, no he estudiado nada.
Ian no me contesto, solo me tomo de la mano y me jalo muy fuerte, casi corríamos entre ese parque. Al llegar al auto Ian me abrió la puerta rápidamente, y antes de entrar pude ver la luna, era luna llena, en cuanto estuve dentro del auto, vi a Ian a través del parabrisas, una de sus manos se volvió un puño, que se la sostuvo con la otra mano, eso fue extraño. Cuando Ian entro al auto no deje de ver su mano, tenía más bellos que en la otra, me distraje un po-co, por el motor del auto, y cuando volví a mirar la mano de Ian, estaba igual que la otra, y… eso también fue extraño, entonces recordé mis días junto a Ian. El primer día cuando no dejaba de verlo, sin que yo quisiera, como me acercaba a él y aceptaba todo lo que me ped-ía, pero bueno no creo que todo eso fuera raro es solo que lo amo, las dos únicas cosas raras que recuerdo son, como su mano era diferente a la otra y que rápidamente se volvió igual, si era eso, pero creo que solo era ilusión mía. En eso escuche una voz dentro de mi cabeza
¡No! Es una trampa, te está utilizando, lo que piensas es cierto, él es malo ¡aléjate de él!
Me gritaba una voz idéntica a la mía.
No, no es verdad, él me ama y yo a él, no es malo es bueno, y no me alejare de él, ¡Lo amo!
Le conteste a esa voz que tal vez era mi conciencia.
- Ya llegamos- Me interrumpió Ian, eso fue demasiado rápido, ni me di cuenta cuando lle-gamos, pero no me importo.
- Está bien, nos vemos mañana- Lo mire y se veía mal, pero mal de enfermo- . ¿Te pasa algo malo?- Pregunte asustada.
- No, estoy bien, nos vemos, adiós.
- Si te pasa algo malo llámame por favor- Le dije.
- Si- Contesto con voz fría.
Cerré la puerta, Ian bajo el vidrio y volteo a verme. En eso recordé lo que dijo la voz en mi mente “es una trampa”
- Te quiero Ian- Le dije, para saber cómo reaccionaba, y lo hizo bien, se calmo bajo un poco los hombros y me sonrió.
- Y yo a ti Melanie, te amo- Subió el vidrio de la ventana de la puerta, arranco el auto y se fue.
Cuando entre a la casa no había nadie, como lo pensaba, mi padre David todavía no llegaba, no tenía nada que hacer, así que me dirigí a mi habitación. La contemple de noche, sus dos camas individuales, una rosa junto a la puerta, la de mi hermana, y una morada junto a la ventana que estaba en el frente de la casa, era la mía. Después mire la otra ventana, que estaba de mi lado derecho al fondo de la habitación, me acerque a ella como si alguien me hubiera llamado desde afuera, pero no había escuchado nada, esto lo había hecho involunta-riamente. Al mirar a través de la ventana vi una sombra que se movió rápidamente, una sombra que se reflejaba con la lámpara que estaba sobre el tejado de la casa, y no era yo. Eso me asusto demasiado y rápidamente cerré las ventanas y la puerta de mi cuarto con seguro, deje la luz prendida y me puse en el espacio que estaba entre las dos camas. Pegue mi espalda contra la pared, me deslice lentamente por ella hasta llegar al suelo para abrasar mis piernas. Ese era un motivo por el que odiaba estar sola, por el que odiaba no estar acompañada.
Estaba muy asustada, lo único que pensaba era en esa persona que tal vez era un ladrón, o tal vez solamente fue mí imaginación. ¿Qué fue lo último que me dijo Ian? Que mi papá no tardaría en llegar, David ni siquiera sabía que salía con alguien, tenía que moverme de aquí para no dejar sospecha alguna de que salía con Ian, ¿Que diría mi padre si se da cuenta de eso? Intente levantarme pero aun seguía paralizada del miedo.
No te asustes nada te lastimara
Volví a escuchar esa voz que anteriormente me dijo que Ian era malo. Entonces recordé los momentos en que también había escuchado esa voz. Todo era muy extraño ni siquiera sabía bien de donde venia esa voz, si de mi cabeza o de otro lugar, estaba muy confundida.
Estuve ahí un minuto y después tome un poco de valor, me levanté del suelo y me senté en el borde de mi cama, mire por fuera de la ventana, y me pregunte ¿Por qué tenía que haber mirado a través de la ventana? Por mirar a través de ella, vi una silueta de un enorme lobo gigante, en el césped que estaba delante de la casa, sentado como sin nada, y solo observaba la calle como si esperara a alguien. Tal vez esa silueta se dio cuenta de que lo estaba observando, porque en un segundo, su gran cabeza giro hacia mí y me contemplo. Al darme cuenta de que me miraba a mí, me entro un horrendo pánico, y desesperada, rápidamente me aleje de la ventana, me desequilibre, y caí al suelo. Allí me quede hecha un ovillo, con mi cabeza entre las rodillas para no poder ver nada, y unos segundos después escuche el motor de un auto, era el auto de mi padre David, un Cadillac DTS. Eso me alivio por completo y rápido mire por la ventana a David estacionarse en frente de la casa.
Siempre reconozco como David a mi padre, aunque nunca lo llamo David en frente del, sino papá o padre, deje de decirle papi por lo de Melody, algo de lo que jamás quisiera recordar, ni pensar que me paso a mí, porque después de eso, son pocas las veces que me han visto sonreír de verdad, y fue peor aun cuando sucedió lo de Michael, me aleje de muchas personas a las que quería, y entre en una fuerte depresión, y creo que mala.
En cuanto escuche a David cerrar la puerta de la casa, baje corriendo las escaleras y lo abrase.
- Hola papá, no te he visto desde hace tres días- Fue mi escusa para abrasarlo pero aun así era verdad.
- Hola hija, si es cierto llegaba y ya estabas dormida- Se rio entre dientes- , y ¿Por qué estas vestida así? Te ves muy elegante.
¡Ay! Que tonta se te olvido cambiarte, y para mi mala suerte lo noto, casi nunca se fijaba en lo que llevaba puesto todos los días, y hoy tenía que hacerlo.
- Ah… si eso, es que…- Vacile- mmm… ¿Conoces a los Griffin?
- Si ¿Por qué?
- Y… ¿Cómo los conociste?
- Pues tuve un asunto con ellos, querían comprar la Mansión Gables y… la compraron.
Bueno, no sabía que tenía que ver comprar la Mansión Gables con la política, ya que mi padre es abogado, pero bueno, no quería saber nada de eso, solo quería saber que piensa mi papá de Ian, y me lo diría sin que él se diera cuenta.
- Ah, ¿Entonces si los conoces?
- Si.
- Y… ¿No se te hicieron raros?
- No ¿Tu también piensas que son raros?- Listo ya se molesto, me dirá todo lo que piensa sobre ellos- . Mira no es que sean raros sino, que no tratas mucho con ellos; a mí me agradan todos.
- ¿A si? ¿Por qué? No entiendo ¿Qué tan agradables son?
- ¿Los padres o los hijos?- Pregunto.
- Pues los padres no los conozco muy bien, pero los hijos si son raros.
- Mira son cinco hijos, el más grande es muy bueno, reservado y sabe muy bien de lo que habla…
- Papá creo que me estás diciendo de mas, solo quiero saber por qué te caen bien- Lo inte-rrumpí.
- Está bien, seré breve. Bueno tienen unas gemelas, las dos son muy diferentes pero una es muy buena gente- Esa gemela era Carley- , y la otra sabe muy bien lo que quiere y se toma todo en serio.
“Después esta el otro hijo, el de cabello más negro. El es muy simpático y gracioso, me gusta su sentido del humor- Ese era Elliot- . Además ese muchacho es guapo- Lo que él quiere, es que ande con Elliot. Si, Elliot es guapo pero no me atrae como Ian- , ¿Ya lo co-noces?
- Si, lo conozco, se quien es- Tenía ganas de decirle que solo de lejos, pero no quería men-tirle, sino lo usaría en mi contra.
- Mmm… está bien, ah también está el más chico, es muy güero y tiene potencial para ser buen político- ¡Ha! No lo creo, Ian no es así- y me gusta su carácter, es caballeroso y muy amable con todos, hasta con la gente que no merece esa amabilidad, él si es un hombre.
- Guau, es impresionante- La verdad, Ian si es muy noble y cortes, por eso lo amo porque ya no hay hombres como él.
- Si bueno, y ¿Por qué estas vestida así?
No puede ser, de tanto que hablo no se le olvido mi vestimenta, bueno llego la hora de de-cirle lo de Ian y yo, aunque tal vez pueda atrasar un poco esa hora.
- Mmm… bueno entonces si te gustan los Griffin ¿verdad?
- ¿Estas intentando evadir el tema? ¿Por qué?
- Tu solo dime si te caen bien o no.
- Si, son muy buenos, me agradan mucho. Ahora dime por qué estas vestida así.
- Bueno- Suspire- , hace un mes llegaron los Griffin ¿Verdad?
- Si, un mes exacto.
- Ellos cumplen un mes exacto aquí, y yo cumplo un mes exacto con mi novio.
Aquí vienen los gritos.
- Ah… ¿¡Qué!? ¡No lo puedo creer! ¿¡Por qué no me dijiste nada!?
- Es que…
- ¡Es que nada! No entiendo porque no me dijiste ¡Un novio! Era eso, tienes un ¡Novio! Te prohíbo que salgas con él- Mi padre gritaba la palabra “novio” como si fuera una grosería, pero para mí era la palabra más hermosa que existía, si se trataba de Ian- . Esto es inaudito.
- Papá…
- Es muy malo para ti hija, no quiero verlo por aquí y si no me…
- Papá, ¡Ya basta! Ni siquiera sabes quién es y ya lo estas criticando.
- Está bien ¿Quién es?
- Mmm… pues… ehh… - Volví a vacilar- se llama… Ian, es el hijo más chico de los Griffin.
- Ah, un Griffin, ¡Un Griffin! Y no me dices nada - Se puso a pensar- pues… bueno, ya que- Se calmo- . Lo que no entiendo, es por qué no me lo dijiste antes.
- Tenía miedo de que reaccionaras como lo hiciste hace unos segundos.
- ¿Cómo?
- Pues te enojaste y empezaste a gritar.
- Ay, lo lamento hija, perdón por gritar, me desespere, lo siento.
- Si papá, no importa, además Ian es muy bueno, perece como si viniera del siglo 18, además te cae bien.
- Está bien, ¿Podríamos hablar mañana? Estoy muy agotado- Dijo mi papá con voz cansada.
- Si papá- Le conteste.
Subimos las escaleras, y cada quien se dirigió a su cuarto, cuando abrí la puerta de mi habi-tación, mire a mi papá con el rabillo del ojo y después mire la puerta a medio abrir, al estar dentro de mi cuarto me sentí sola, vacía y un segundo después volví a sentirme bien, me puse la pijama y me acosté en mi cama.
Cuando llegue a la escuela, como siempre, buscaba a Ian, pero hoy no, Natasha estuvo junto a mí en cuanto cerré la puerta de mi auto, y me quedé en medio de mi auto y ella esperando a Ian, pero él no llegaba, y me comencé desesperar, mi garganta se había hecho un enorme nudo que no me dejaba respirar, ¿Qué le pasó a Ian? ¿Dónde estaba? ¿Por qué no vino? Quería llorar, ¿Dónde está? Me preguntaba una y otra vez. Cada que me preguntaba eso, de poco a poco, todo se volvía gris, triste y sin vida, quería a Ian aquí, ¿Dónde está? Me volví a preguntar y me comencé a sentir sola y culpable de lo que le pasara, porque la última vez que lo vi él se veía enfermo y no lo ayude.
No te preocupes por él, preocúpate por ti. Me dijo esa voz en mi cabeza.
- Hola, oye ¿Qué crees?- Me interrumpió Natasha muy emocionada.
- ¿Qué?- Le pregunte distraída, mi voz era tan baja que apenas se podía entender.
- Llego un chico nuevo, y tenemos la obligación de mostrarle la preparatoria- Pronunciaba todo como si lo estuviera cantando.
- ¿Orto? Pero si no tengo tiempo, Ian…
- Ian nada, es tu deber.
- Ay, está bien, pero solo déjame decirle que voy estar haciendo.
- No creo que puedas ahora.
- ¿Por qué?- En eso sonó el timbre de clases, suspiré, Ian no vino.
- Por eso, no creo que vengan los Griffin hoy, ya es tarde.
- Que extraño, Ian nunca falta, ni uno de los Griffin ha faltado.
- Bueno, pues digamos que como tu novio no está, eres una chica soltera.
- ¿Qué? No, no lo haré- Mi voz se hizo baja de nuevo.
- Solo por hoy, no creo que tu novio se enoje.
- Mmm…- Me puse a pensar como decirle mi condición, pero aun seguía deprimida- Si hare mi deber como vicepresidenta, pero no estoy soltera ¿Entendiste?
- Si, ya entendí, pero te vas a comportar como antes ehh, no te quiero tan reservada, ah, y no pienses en Ian ¿De acuerdo?
- De acuerdo- Le mentí, no podía dejar de pensar en él.
- Perfecto vamos- Volvió a decirme entusiasmada.
Nos dirigimos a la cafetería de la escuela, el recién llegado nos esperaba en una mesa del centro, y no era solo un muchacho nuevo, sino tres y una chica, estaban platicando entre ellos, y creo que la chica era hermana de uno de los muchachos, se parecían mucho, los dos eran rubios, de estatura no muy alta, y tenían la tez muy pálida. El otro muchacho que esta-ba junto al hermano tenía el cabello muy negro y de piel blanca, pero no tanto como los hermanos. Y el chico que estaba junto a la muchacha, era de cabello castaño y su piel tenía un color güero, no estaba tan pálido como los otros y tampoco llegaba al moreno claro, co-mo yo y Natasha.
Nos aproximamos a su mesa y Natasha comenzó a hablar.
- Hola chicos, perdonen la tardanza. Yo soy Natasha la presidenta.
- Y yo soy Melanie la vicepresidenta- Dije un poco distraída.
- No se preocupen por las clases, no les pondrán falta.
- No importa, mejor aun- Dijo el chico de cabello negro- . Mi nombre es William Crowley.
- Yo soy Brad Morrinson- Se presentó el chico de cabello castaño.
- Yo me llamo Tiffany Holland- Continuó la muchacha.
- Mi nombre es Abraham Holland- Dijo el hermano de Tiffany.
- Entonces ustedes dos son hermanos- Hablo Natasha, apuntando con sus dedos a Abraham y Tiffany.
- Si, somos mellizos- Contesto Tiffany.
- Ah mellizos, por eso se parecen tanto- Dijo Natasha sorprendida- . Y ¿de dónde vienen?
- Yo vengo de Reno Nevada- Contesto primero Brad.
- Yo soy de Daytona Florida- Respondió William, unos segundos después.
- Nosotros somos de Lake Tahoe- Dijo Tiffany, mirando a Abraham.
No sé por qué Natasha les pregunto de donde vienen, si ella ya sabía, lo había visto en los registros ¿no? Quién sabe.
Todos quisieron conocer la preparatoria, así que les mostramos la escuela, igual que con los Griffin, y cuando termino el recorrido, llegamos a la dirección, como siempre al final. Mientras la señora Margaret sellaba la clase perdida de los muchachos, nosotras estábamos afuera.
- Que bien te comportaste- Comenzó a hablar Natasha.
- ¿De qué hablas?- Le pregunte.
- No te comportaste como cuando estás con Ian, te comportaste como antes de que él llega-ra.
- Ah, ya, bueno así me dijiste que lo hiciera ¿no?
- Si, y lo hiciste muy bien, ninguno se dio cuenta de que tienes novio.
- ¿Como lo sabes?
- Toda mi vida estuve rodeada de personas, 16 años, ¿Crees que no voy a conocer sus reac-ciones? Sé muy bien leer los rostros de todos.
- Valla eres muy observadora.
- Si lo sé, y observe que no se dieron cuenta de que tienes novio.
- Ya deja de decir eso y dime que es lo que quieres.
- Mmm… que tengas cuidado.
- ¿Con que?
- Ay ya me enfade, te digo que te cuides porque William y Abraham se te quedan viendo como idiotas.
- Ups.
- Si, ups- Entonces me entro un pánico horrible, si Ian lo sabía, tal vez me dejaría, no, no quiero que eso pase.
- Pero ¿Qué voy hacer? Y si Ian se entera- Dije desesperada.
- Ay, no tiene por qué enterarse, solo no le digas.
- Pero si se da cuenta solo ¿Qué haré? No le puedo decir que lo sabía, y si se enoja de que no le dije antes… ¡Ay! Natasha ayúdame.
- Mira no pasa nada, y si se entera no le digas nada, solo quédate callada.
- Y así pensará que lo sabía, y no le dije, ¡Se va a enojar!
-Mmm… solo háblale como si nunca te diste cuenta, y listo.
Abrí la boca para protestar, pero los muchachos salieron de la dirección, y no pude decir nada.
- Chicos ¿A alguien le toca química?- Dijo Tiffany. Y sonó el timbre de cambio de clases.
- A mi- Contestó William, después de que dejo de sonar la campana.
- Y… ¿Puedo ir contigo?
- Si- Contesto William, se despidió de todos, y ahora si me fije que me besó la mejilla bien, no como a Natasha. Entonces Natasha medio un codazo en las costillas.
- Oigan ¿A quién le toca literatura?- Habló Brad primero.
- Yo tengo esa clase, voy contigo- Le dijo Natasha- . ¿Qué te toca a ti Abraham?
- Bioquímica- Contestó, y tenía que contestar bioquímica, tenía que tocarme esa materia con él.
- Uy, es para ti- Dijo Natasha en mi oído, que los chicos no alcanzaron a oír- A Melanie también le toca esa clase.
- ¿A si?
- Si, ¿Por qué no van juntos?
- Me permiten hablar tantito con Natasha- Interrumpí, con una sonrisa muy falsa y los dien-tes exageradamente apretados. La jalé conmigo unos diez pasos de los chicos.
- ¿Qué estás haciendo?- Le dije, con los dientes muy apretados para no gritar.
- N… nada- Me contesto confundida.
- ¿Por qué le estás diciendo que venga conmigo?
- Para que se vea más natural.
- ¿Quieres que Ian me deje?
- ¡No! mira se su amiga y ponle limites, así sabrá que no le interesas.
- ¿Y cómo le pongo los limites?
- Como siempre lo has hecho con los otros.
- Está bien lo haré.
Nos volvimos con los muchachos, me despedí de Natasha y Brad, y me dirigí con Abraham al aula de bioquímica.
- Y tú ¿Eres de aquí o bienes de otro lado?- Me preguntó Abraham.
- Eh… no yo soy de aquí- Le contesté.
- Y… ¿Tienes hermanos?
- Pues tengo una gemela, pero no vive conmigo, esta con mi madre en Los Ángeles.
- Ah, lo siento.
- No, no importa, está bien- Abraham me estuvo preguntando un montón de cosas, pero pocas contestaba, y así estuvo todo el camino al aula de bioquímica.
Y desgraciadamente Abraham tenía el horario idéntico al mío y mi horario era el mismo que el de Ian, y no quería estar todas las clases con Ian, y Abraham interrumpiendo, además si Ian se enteraba de que le gusto a Abraham… tal vez… ni siquiera quiero suponer lo que podría pasar.
Todo el día Abraham estuvo con migo, no se separaba de mi ni un segundo, y como no es-taban los Griffin no tenía otra opción, tuve que estar con Natasha en el descanso, y Natasha estaba con los nuevos, y uno de los nuevos era Abraham, no podía alejarme de él, a donde iba él me seguía. Y lo peor de todo es que esta pesadilla duro toda la semana, porque Ian faltó la semana completa junto con sus hermanos, y Abraham no me dejaba en paz, además de vez en cuando nos encontrábamos con Ben, mientras yo estaba en medio de William y de Abraham.
Era sábado y aun nada sobre Ian, no me llamó, no me mando un mensaje ni nada. Y co-mencé a ponerme triste, nerviosa y desesperada, no sabía ni donde estaba, ni como estaba, y tampoco cuándo regresaría o si por lo menos regresaría algún día. ¿Dónde está? ¿Dónde está Ian? Es lo único que quería saber.
No sé por qué comencé a comparar a Ian con Michael, pero lo hice. Si en verdad Ian me dejó, que para mí es muy probable que eso paso, Ian nunca me avisó de que sus sentimientos hacia mí se desvanecieron y que no volvería, pero Michael, si se despidió y él me prometió que volvería, no como Ian, aún espero la llegada de Michael, porque creo que aun lo amo, pero ese amor está escondido, encerrado; y a Ian, él no me dijo nada, tal vez no tengo por qué esperarlo, solo esperar a Michael y ojalá él me regrese la felicidad que Ian se llevo.
Ni uno de los dos se llevo o te regresó la felicidad, tú la borras para intentar olvidar, pero jamás podrás olvidar.
Me dijo esa voz, nunca la había escuchado hablar tanto, siempre eran pocas palabras, pero tenía razón, y no quería creerle.
Intente saber donde estaba Ian o al menos hallar a alguno de sus hermanos. Le llame al ce-lular pero no contesto, recordé que le gustaba ir al parque pero no estaba en aquel lugar, mi padre me había dicho que compraron la Mansión Gables, así que decidí ir.
Cuando llegue a la mansión, se veía que alguien vivía allí, porque no se veía sola y parecía que detrás de las ventanas había cortinas, toqué la puerta pero nadie abrió, y creí que era malo, pero aún así entré por la puerta de atrás, donde estaba la cocina, que era totalmente blanca, pero preferí no entrar más allá de la cocina y mejor me salí. Al regresar a casa, ya era tarde y solo llegue para dormir, ni siquiera cene, estaba muy deprimida, solo sentía un enorme hueco dentro de mí, tenía la necesidad de tener a Ian junto a mí, pero no estaba y una fuerte punzada de dolor en mi pecho apareció.
El domingo no tenía nada que hacer, y solo pensaba en Ian, no me lo podía quitar de la ca-beza, ni siquiera limpiando la casa podía olvidarlo, estaba atormentada, si, esa es la palabra, atormentada, ¿Dónde está? No lo sé, ¿Cómo esta? No lo sé, ¿Cuándo volverá? No lo sé, y de pronto me sentí enferma, mi cabeza me dolía y tenía mucho calor, me recosté en el sofá de la casa con un trapo mojado en la frente, y me quede viendo el techo de la casa pensando en Ian y yo, ¿Qué estuviéramos haciendo ahora? Y ¿Qué haríamos mañana? El día pasó muy lento, demasiado lento, solo era medio día cuando terminé de limpiar toda la casa, y el resto del día estuve recostada en mi cama, hasta quedarme dormida, mientras lloraba por Ian. En eso recordé, sin Ian aquí, todo era igual que antes para mí, depresión, tristeza, sole-dad y llanto.
El lunes en la mañana no quería ir a la escuela, no quería volver a ver ese espacio vacío junto a mí, donde debería estar…él, ni siquiera puedo pronunciar su nombre, pero aún así tenía que ir a estudiar y se me hacia tarde, así que me arreglé rápido, bajé las escaleras y me dirigí a la puerta, porque ni ganas de desayunar tenia.
- ¿A dónde vas?- Salté del susto y mi mochila, casi vacía, se cayó al suelo, y velozmente me di la vuelta.
- Ah, papá, ¿Por qué estás aquí?- Le dije a mi papá, no esperaba que estuviera acostado en el sofá de la sala, esperaba que estuviera en su trabajo.
- Pues hoy mi jefe me dio un día libre, y decidí estar en la casa. ¿A dónde vas?
- A la escuela.
- Bueno se te hace tarde, y te voy a esperar, quiero conocer a Ian- Tenia que mencionar eso.
-Eh… papá luego hablo de eso contigo, adiós.
Abrí la puerta y me dirigí a mi pequeño Beetle rojo. Estaba totalmente deprimida, ni siquiera le hallaba el chiste a manejar, ¿Por qué mover el volante? Que él fuera a donde quiera, ¿Por qué ver a donde voy? Si puedo ver otras cosas.
Porque te puedes desviar del camino, chocar y morir.
Me contestó esa voz.
Pero ¿Qué importa eso? ¿Qué importa si muero? Le dije yo a la voz.
Pues importa mucho, aunque tú no lo creas.
La volví a escuchar hablarme.
Sí, eso crees tú, ¿Y qué importa? La única persona que quiero no está aquí.
Eso crees tú.
No entendí eso de que “eso creo yo”, pero ya no quise pelear con la voz, solo era una voz y nada más.
Cuando llegue al estacionamiento vi un cajón desocupado y me estacione allí, creo que era el último espacio disponible, tome mis cosas y baje del auto, al bajar de pronto me sentí feliz y las comisuras de mis labios se curvaron, formando una sonrisa, estaba tan feliz y no entendía por qué. Camine junto a los autos buscando a Natasha, la vi junto a su auto hasta el fondo del estacionamiento y me dirigí hacia allá; a medio camino vi que estaba platicando con alguien, pero pasaban tantas personas que no podía saber quién era
Y de repente todos dejaron un espacio en forma de camino, pero no me veían, ni veían el espacio, ellos seguían en sus platicas, no creo que se hayan dado cuenta de lo que ellos hicieron, pero eso lo ignore por una sola cosa, porque lo vi, estaba junto a Natasha hablando como sin nada y seguía igual que siempre, güero, de piel pálida, con el cabello despeinado, una camisa apretada al igual que su pantalón de mezclilla y con unos hermosos lentes negros de marca, los latidos de mi corazón decían su nombre: Ian…Ian…Ian, y cada vez más rápido Ian, Ian, Ian, Ian. Era él, por él estaba feliz e ignore el espacio, corrí a sus brazos lo más rápido que pude.
